El pueblo que conoce a su Dios será fuerte y hará grandes cosas Primera parte


Este texto fue tomado en su integridad del sitio oficial de la Iglesia del Centro, una iglesia referencial dentro del ámbito evangélico de la Republica Argentina. Una reflexión sobre la actualidad regional y global, el nuevo paradigma que nos se presenta como desafío y objeto de misión a concretar. El texto general esta divido en dos partes. Para leer todo, hay que hacer clik con el mouse en Mostrar todo el texto.

Por el pastor Carlos Mraida

Quiero agradecer a todos los pastores que a lo largo y ancho del país, y también en el exterior, han tomado la palabra que presenté el 1 de enero del 2011 y la confirmaron. Y no sólo eso sino que la hicieron circular entre su gente, y los muchos que la han proyectado en un culto de sus congregaciones. Muchas gracias, queridos consiervos, por la confianza.

La palabra que Dios me dio para este año 2012, es Daniel 11.32: los que conocen a su Dios, serán fuertes y harán grandes cosas (La Biblia al Día). Quiero que tomes esta palabra como una palabra directriz para este año en tu vida: los que conocen a su Dios, serán fuertes y harán grandes cosas. Es decir, que puedas declarar: “yo que conozco a mi Dios, seré fuerte, y haré grandes cosas”.
A medida que desarrolle la palabra la iré leyendo en varias versiones, porque las distintas traducciones nos van enriquecer, no sólo en la interpretación, sino especialmente en la aplicación de la palabra para nuestras vidas.

Contexto histórico del texto

Este capítulo 11 de Daniel relata los acontecimientos bélicos, políticos que se sucedieron en el mundo después de la muerte de Alejandro Magno, indicada en los versículos 3 y 4. El gran imperio que logró conquistar, a su temprana muerte, se dividió en manos de sus generales. Dos de esos reinos, son los protagonistas de los enfrentamientos de este capítulo 11. El del Norte, la dinastía Seléucida, y el del Sur, la dinastía macedonia o de los Ptolomeos.

Estos enfrentamientos duraron por casi 300 años, y en el medio de ambos reinos que se disputaban el predominio de ese sector del mundo, estaba Palestina y el pueblo de Dios. Sufriendo las invasiones, y las influencias de ambos reinos. Siempre en permanente tensión entre los deseos de dominio de ambos reinos.

El punto de vista desde donde estos enfrentamientos entre Norte y Sur se analizan es el pueblo de Dios. Contrariamente a otras interpretaciones de la historia, la revelación bíblica contempla al pueblo de Dios, como el punto central y clave de la historia.
La dinastía macedonia o reino del sur, gobernaba Egipto, con los Ptolomeos. Mientras que el rey del Norte, Seleuco, controlaba Siria. Pero el peor momento de este período de la historia es descrito a partir del v. 21. Es el momento en el que Antíoco IV, llamado Epífanes, llegó al trono en 175 a. de J.C. por medio de dos golpes de Estado. Por varios medios, incluyendo intriga y engaño (vv. 21, 23), promovió una política de penetración de la cultura griega que lo puso en conflicto directo con los judíos.

Se hizo llamar Epífanes, que significa el Dios manifiesto, o la manifestación de Dios. Acuñó una moneda con la imagen de Júpiter Olímpico con quien llegó a identificarse y la inscripción Rey Antíoco, Dios manifiesto y victorioso. La Biblia lo describe como un hombre despreciable. Apenas asumió invadió Judá y derrocó al Sumo Sacerdote Onías III (llamado en el v. 22 el príncipe del pacto) e instaló su propio Sumo Sacerdote, el primero que no era sacerdote en la historia del pueblo, Menelao.

Avanzó hasta Egipto y estuvo a punto de conquistarlo, pero el senado Romano no se lo permtió. Popilio Laenas le dio el ultimátum de abandonar Egipto, y Antíoco le dijo que le diera tiempo para pensarlo, a lo que el delegado romano le respondió haciendo un círculo en la arena alrededor de Antíoco, y diciéndole, que no se le ocurriera salir de ese círculo hasta que no respondiera a su ultimátum. Humillado, no le quedó otra que retornar a su país; pero, enfurecido, desahogó su cólera contra Palestina, persiguiendo a los judíos (la alianza santa, v.30).

Su plan era helenizar al pueblo judío para asimilarlo a su reino, creando así una fuerza política más vigorosa. Su obra persecutoria empezó por fundar un gimnasio al estilo griego. La palabra gim en griego, significa desnudo, permitiendo la desnudez del cuerpo, cosa que no estaba permitida entre los judíos. Prohibió la circuncisión masculina, símbolo del pacto entre Dios y su pueblo. Prohibió la celebración del sábado y de las fiestas judías. Hizo cesar el sacrificio continuo en el templo de Jerusalén. Y culminó con la profanación del templo, erigiendo en el altar de los holocaustos un ídolo de Júpiter Olímpico, y sacrificando cerdos, animal impuro para los judíos, lo que la Biblia llama la abominación desoladora. Destruyó el muro, o colina fortificada sobre la que se asentaba el santuario.
Judíos apóstatas se sumaron a esta penetración cultural, para recibir beneficios. Esto culminó con una masacre de los habitantes de Jerusalén. Pero como dice el versículo 32 que no servirá de guía este año, mientras muchos judíos violaron el pacto con el verdadero Dios, para asimilarse a esta penetración cultural contraria a la alianza con el Señor, otra parte del pueblo, los que verdaderamente conocían a Dios y tenían una relación con Él, reaccionaron con firmeza (v.32). Fue así que una familia, la de los Macabeos, se levantaron contra Antíoco y lideraron a los judíos que lograron recuperar Jerusalén y conseguir la libertad religiosa, limpiaron el templo, y lo volvieron a consagrar a Dios y finalmente obtuvieron la independencia política y Antíoco Epífanes muere en Babilonia.


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