Llevando frutos para el Reino de Dios





A través de la Biblia vemos que Dios usa ilustraciones simples del diario vivir para comunicar verdades espirituales. A menudo, esas ilustraciones se refieren a un estilo de vida agrícola que era común durante tiempos bíblicos. Dichas enseñanzas traían claridad y entendimiento a los lectores en maneras fáciles de comprender. Tristemente, nosotros vivimos a 2,000 años de esos tiempos bíblicos, y la mayoría no poseemos conceptos agrícolas ni sembramos nuestro propio alimento. Aún para los agricultores, los métodos han cambiado dramáticamente a lo largo de los siglos. Cuando leemos las Escrituras a través de nuestros propios lentes culturales, las verdades se nos escapan porque no comprendemos las ilustraciones.

Comprendiendo la Vida durante Tiempos Bíblicos

Transportémonos a miles de años atrás. En primer lugar, tendremos que comprender que la vida durante tiempos bíblicos era mucho más frágil de la que es hoy día. La gente dependía totalmente de sus sembrados. Si atravesaban una sequía, pasaban hambre. No había supermercados donde podían comprar alimento. Si no llovía, no había cosecha y no había comida. La vida giraba en torno a las estaciones del tiempo. No sólo parte de la sociedad se preocupaba por la agricultura, sino la sociedad entera. Todos eran afectados.

Cuando Dios dijo que los israelitas deberían obedecerle, o no les enviaría lluvia, hablaba en serio: “Y sucederá que si obedecéis mis mandamientos que os ordeno hoy, de amar al SEÑOR vuestro Dios y de servirle con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, El dará a vuestra tierra la lluvia a su tiempo, lluvia temprana y lluvia tardía, para que recojas tu grano, tu mosto y tu aceite. Y El dará hierba en tus campos para tu ganado, y comerás y te saciarás. Cuidaos, no sea que se engañe vuestro corazón y os desviéis y sirváis a otros dioses, y los adoréis. No sea que la ira del SEÑOR se encienda contra vosotros, y cierre los cielos y no haya lluvia y la tierra no produzca su fruto, y pronto perezcáis en la buena tierra que el SEÑOR os da” (Deut. 11:13-17).

El anterior pasaje era de tal importancia que Dios ordenó recitarlo cada mañana y tarde, y escribirlo sobre los dinteles de sus hogares y en las puertas de sus ciudades. Aún actualmente los recitan en sus oraciones diarias(‘Hareuveni’), y han creado unas pequeñas cajas o ‘mezuzot’ que contienen ciertos pasajes selectos para fijarlos en el marco de sus puertas como recordatorio constante para amar y servir al Señor, y así poder recibir Sus bendiciones.

Fijémonos en los tres alimentos mencionados arriba: grano, mosto (de uvas), y aceite (de olivas). Esos eran los alimentos más básicos para los israelitas. Era como si Dios les dijera: “Si me aman y me sirven, proveeré a todas sus necesidades vitales.” La clave era mantenerse en comunión íntima con Dios. Encontramos que ese tema se repite en las Escrituras Cristianas cuando Yeshúa (Jesús) dijo: “Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:33). ¿A qué cosas se refería? Vemos la respuesta en los versos 25 al 32: comida, bebida y vestido. Dios nos sostendrá si le amamos y le servimos, y si le ponemos a Él y el Reino en primer lugar.

Analicemos primero el asunto de las uvas porque es una de las ilustraciones más utilizadas por Dios. Si conocemos cómo las uvas eran cultivadas durante tiempos bíblicos, podremos captar las verdades que fácilmente comprendían las personas de esos días.

Sembrando Uvas en Tiempos Bíblicos

La producción de uvas no es un proceso rápido ni sencillo. De hecho, es una ocupación que requiere momentos de paz, porque las vides necesitan mucha atención y varios años de trabajo intenso antes de que rindan fruto. En la antigua Israel, las vides eran típicamente sembradas sobre terrazas en las laderas de los montes porque el desnivel no era propicio para sembrar granos. Sin embargo, también sembraban vides en los valles y las planicies. El profeta Isaías describe el proceso usualmente utilizado para el cultivo de la vid durante tiempos bíblicos:

“Cantaré ahora a mi amado, el canto de mi amado acerca de su viña. Mi bien amado tenía una viña en una fértil colina. La cavó por todas partes, quitó sus piedras, y la plantó de vides escogidas. Edificó una torre en medio de ella, y también excavó en ella un lagar; y esperaba que produjera uvas buenas, pero sólo produjo uvas silvestres” (Is. 5:1-2).

El trabajo implicaba primero tener que soltar la tierra y quitar las piedras. Construían un muro o cerco alrededor del área para evitar que entren predadores (Sal. 80:12-13). Luego hacían una torre de vigilancia en el medio, un lagar, y una vivienda para los miembros de la familia que tomaban turno vigilando todo el tiempo entre la siembra y la vendimia, protegiendo así la provisión familiar. Animales salvajes, fuego y ladrones eran una constante amenaza.

El trabajo era fuerte. Había que estar podando, removiendo las hierbas, limpiando, amarrando los racimos y a veces irrigando. La vendimia era de tanta importancia, que un hombre que había recién sembrado una vid y no la había disfrutado era exento del servicio militar (Deut. 20:6).

Durante tiempos de guerra, las vides quedaban devastadas: derrumbaban los muros, las vides se llenaban de espinos, y los racimos eran pisoteados por animales (Is. 5:5-6; Sal. 80:12-13). Pero en tiempos de paz, las vides florecían. Cuando llegaba la vendimia, las uvas se aplastaban en prensas de piedra para extraer su jugo, el cual corría por canales de piedra y era recolectado en vasijas. También aplastaban las uvas con los pies, y sus pies y ropas se teñían con el jugo.

Modernamente en Israel se pueden observar muchas hermosas vides. Cuando conducimos nuestro auto por los campos del país, podemos ver esas ordenadas filas como soldados en marcha. Sus “armas” se levantan hacia arriba, sobre los alambres que los sostienen. Pero en tiempos antiguos, las vides corrían por el suelo porque creían que las uvas tardaban más en madurarse bajo la sombra de las hojas. Uvas frescas se comían en grandes cantidades durante la época de la siega, y muchas se secaban en forma de pasas para comer luego (1 Sam. 25:18). El jugo se hervía para producir un “sirope,” a veces llamado “miel,” pero el principal producto era el vino.
  
Rico Simbolismo Bíblico

1. La Sangre de Uvas

El jugo de uva a veces se describía como “sangre de uvas.” En la bendición de Jacob sobre su hijo Judá, dijo: “El ata a la vid su pollino, y a la mejor cepa el hijo de su asna; él lava en vino sus vestiduras, y en la sangre de las uvas su manto” (Gén. 49:11). También en Deuteronomio 32:14 encontramos: “…cuajada de vacas y leche de ovejas, con grosura de corderos, y carneros de raza de Basán y machos cabríos, con lo mejor del trigo; y de la sangre de uvas bebiste vino” (Deut. 32:14). Eso nos recuerda las palabras de Yeshúa durante la última cena: “Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: Bebed todos de ella; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados” (Mat. 26:27-28).Yeshúa enseñaba con imágenes para que los oyentes comprendieran mejor lo que decía.

2. Juicio

El juicio del Señor está expresado por medio del rico simbolismo de la prensa de uvas: “¿Por qué es rojo tu ropaje, y tus vestiduras como las del que pisa en el lagar? El lagar lo he pisado yo solo; de los pueblos, ningún hombre estaba conmigo. Los pisé en mi ira y los hollé en mi furor; su sangre salpicó mis vestiduras y manché todo mi ropaje. Porque el día de la venganza estaba en mi corazón, y el año de mi redención había llegado. Miré, y no había quien ayudara, me asombré de que no hubiera quien apoyara; entonces me salvó mi brazo, y fue mi furor el que me sostuvo. Pisoteé los pueblos en mi ira, los embriagué en mi furor y derramé su sangre por tierra” (Is. 63:2-6).

3. Prosperidad y Bendición

Las vides a veces representaban prosperidad y bendición entre los antiguos hebreos. La época mesiánica de paz y seguridad es descrita como un tiempo cuando “…cada uno se sentará debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien amedrente: porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado” (Miq. 4:4, SRV; también 1 Reyes 4:25; Zac. 3:10).

4. Símbolo para Israel

Israel ha sido comparado con una vid escogida, que fue sembrada y atendida por el Señor, pero se convirtió en vid silvestre por causa de su pecado (Sal. 80:8-16; Is. 5:1-7; Jer. 2:21).

Pámpano sin Fruto

Esta sección sobre los sarmientos o pámpanos proviene de la Directora de Publicaciones Eddelene Marais, quien lo compartió en un devocional con nuestro equipo, basado en el libro de Bruce Wilkerson ‘Secretos de la Vid’ [Secrets of the Vine]. El autor Wilkerson provee más detalles de lo que podamos mencionar aquí, pero recomendamos que lo lea.

Luego de la cena en el Aposento Alto sobre el Monte de Sion, Yeshúa y Sus discípulos salieron hacia el Jardín de Getsemaní. La Biblia entonces nos narra algunas de Sus enseñanzas en torno a la vid, porque probablemente pasaron por el lado de un viñedo. ¡Qué lugar maravilloso para Jesús enseñar a Sus discípulos acerca de su vida en Él! Me puedo imaginar a Jesús doblándose en tierra para ver las uvas, gesticulando con Sus manos como es típico de los israelíes:

“(1) Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. (2) Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto. (3) Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado. (4) Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí. (5) Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer. (6) El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden. (7) Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho. (8) En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Jn. 15:1-8, SRV).

Yeshúa habló acerca de dos tipos de sarmientos o pámpanos: los que llevan fruto y los que no. Ambos están “en Él.” Aunque dijo que el pámpano que no lleva fruto está aún en Él, Yeshúa probablemente se refería a una rama quetemporeramente no estaba produciendo fruto. Pero Jesús “quitará” ese pámpano, lo cual implica remover, levantar, y soltar. El término hebreo de quitar también podría referirse a remover o expiar un pecado.

Cuando antes leía ese pasaje, me imaginaba una vid según la vemos modernamente, con sus ramas colgando de alambres o cercos. Cuando leía la palabra “quitar,” pensaba en términos de remover o cortar. Sin embargo, si pensamos en la vid descansando sobre la tierra, el hortelano amorosamente recoge la rama y la coloca en un lugar donde puede crecer mejor. Quizás ponga una piedra debajo de ella, y lave el polvo de sus hojas. Ese es un cuadro de cómo Dios brega con el pecado en nuestras vidas, el que interfiere con nuestro fruto. ¡No nos corta! Pero Dios hará lo máximo, aún utilizar disciplina amorosa, para que llevemos fruto.

Pámpanos Fructíferos

¿Y qué de los sarmientos o pámpanos que producen fruto? El viñador los podará para asegurar una cosecha abundante. Las ramas tienden a crecer en toda dirección, y llenarse de hojas tan densas que el sol siquiera puede llegar a las uvas. Un buen hortelano corta las ramas muertas o moribundas, asegurando que el sol llegue a las ramas que han de producir fruto. De esa manera, las uvas crecerán más grandes y de mejor calidad, estimulando así la producción de más fruto.

El viñador también sabe que tiene que remover las ramas excesivas. Si no lo hace, la vid se llenará de hermosas ramas verdes, pero con poco o ningún fruto. Por lo tanto, si usted está pidiendo que el Señor le haga más fructífero, ¡está pidiendo ser podado!

¿Pero qué significa ser fructífero? ¿Qué necesita ser podado de nuestras vidas? La mayoría de los cristianos vivimos vidas muy ocupadas. Tenemos muchos planes y prioridades. Muchas de nuestras actividades son buenas y honestas. En mi posición como Presidenta de Puentes para la Paz, muchas cosas demandan de mi tiempo. Tengo que constantemente permanecer en la vid y procurar que Dios dirija mi tiempo. Puede ser que las cosas en mi agenda sean buenas, pero podrían interferir con el mejor plan de Dios. Debemos estar constantemente evaluando nuestras prioridades y guardándonos de hacer compromisos que roben la energía que necesitamos para cumplir el llamado específico de Dios a nuestras vidas.

Fruto abundante es algo que todos deseamos, pero mientras más años tenga la vid, más radicalmente necesita ser podada. Ese tipo de trabajo duele. Mientras más tiempo permanezcamos en el Señor, más requiere de nosotros y más cosas exige que dejemos. Es muy difícil permanecer tranquilos durante ese proceso. Nuestra carne se resiente, pero Dios no está tratando de matarnos. Solamente quiere levantarnos, dar lugar para mayor crecimiento y fruto, aumentar nuestra fuerza y poder espiritual, y acercarnos a una imagen más perfecta del Mesías (Cristo).

Mientras más permanezcamos en Yeshúa (la vid), permitamos ser podados por Él. Escojamos hacer como hizo Juan el Bautista cuando dijo: “Es necesario que El crezca, y que yo disminuya” (Jn. 3:30). Cuando decidamos seguir los caminos de Dios y no el nuestro propio, entonces Dios nos bendecirá.

Posiblemente nos pida soltar nuestras posesiones o dejar atrás a nuestros seres queridos con tal de seguirle. Tom y yo hicimos eso cuando el Señor nos llamó para venir a Israel. Dejamos atrás posesiones, familiares y amistades para responder a Su llamado. No siempre ha sido fácil, pero siempre ha sido lo correcto, permitiendo la abundancia de Su Espíritu en nuestras vidas. No lamento haberlo hecho en lo mínimo. También es posible que Dios pida dejar a un lado un ministerio. Sea lo que Dios pida, debemos someter nuestras ramas (vidas) totalmente a nuestro viñador para que nos pode.

Sin embargo, ¡esperemos siempre una buena vendimia! Recuerdo una canción tomada de Éxodo 4, que era popular varios años atrás entre los círculos cristianos. Dios le pregunta a Moisés: “¿Qué tienes en tu mano?” “Una vara,” le responde, y luego Dios le dice: “Suéltalo.” Sabemos que cuando Dios soltó la vara, se convirtió en una serpiente, y así pudo evidenciar el poder de Dios. ¿Qué producirá Dios en nuestras vidas si soltamos lo que nos pide soltar? Si obedecemos, podemos esperar una abundante cosecha.

¿Cómo Permaneceremos?

Debemos poner nuestra relación con Dios en primer lugar. Para lograr eso, nuestro énfasis debe ser “permanecer en Él” en lugar de “hacer para Él.” En otras palabras, eso requiere pasar tiempo en privado con Yeshúa, y no meramente trabajar para Su Reino. A medida que nos mantengamos cerca de Él, le veremos obrar de manera sobrenatural en nuestras vidas.

El tema central del pasaje de Juan 15 es “permanecer.” Cuando ordena que permanezcamos, es un mandato, no una opción. ¿Desea usted tener victoria en su vida y ministerio? Lo tendrá a medida que permanezca en Él. No se trata de cuánto usted conoce acerca de la fe o de la Biblia. Es asunto de conocer a Dios más personalmente. ¿Tenemos pasión por Dios como la tenía David? “Oh Dios, Tú eres mi Dios; Te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de Ti, mi carne Te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua” (Sal. 63:1, NBLH).

La savia, sustancia que da vida a la vid, es invisible desde afuera. Sólo fluye en el interior. Tristemente, uno puede leer la Biblia por años, y no realmente permanecer en Él. Uno puede asistir a la Iglesia cada semana, e incluso enseñar clase bíblica, pero nada de eso sustituye el permanecer en Él. Es más fácil trabajar para Dios que permanecer en Él, porque requiere tiempo, algo muy valioso y escaso.

El Fruto Crece…con el Tiempo

 Todos los viñedos, huertos y jardines dan fruto después de cierto tiempo. Algunos árboles frutales, dependiendo de su variedad y del clima, requieren 10 años antes de comenzar a producir fruto. Otros dan fruto sólo dentro de dos, tres, o cuatro años. Ningún árbol frutal es idéntico a otro, pero se espera que todos den fruto eventualmente. “Y cuando se acercó el tiempo de la cosecha, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos” (Mat. 21:34).

Algunos creyentes esperamos poder evidenciar el fruto del Espíritu en nuestras vidas (o verlo en otros creyentes) de manera inmediata. Debemos recordar que el proceso de maduración toma tiempo. Aún cuando el árbol ha llegado a la edad para producir fruto, no despertamos un día y encontramos fruto en las ramas. El fruto primero brota como un capullo, casi imperceptible. Luego, el capullo se convierte en una bella flor fragante, la que da lugar a un fruto verde e inmaduro. Finalmente, este fruto crece y se desarrolla en uno plenamente maduro.

Cuando yo era una joven cristiana, tenía problemas con una actitud demasiado crítica. Frecuentemente me hallaba esperando que otros cristianos fuesen más maduros de lo que eran. Un día, hace como 20 años, estaba en la parte trasera de la casa de mis padres, disfrutando el cálido sol de la mañana. Sentí que Dios me habló y me dijo que tomara una manzana del árbol en el patio y que lo comiera. Protesté, diciendo al Señor: “Pero Señor, esas manzanas no están listas para comer; están malas. No tendrán buen gusto.” Las manzanas todavía tenían el tamaño de una pequeña nuez. Entonces sentí que el Señor me decía: “Pero esas manzanas se están desarrollando perfectamente, según Mi tiempo y Mi plan. Están perfectas para esta etapa en su desarrollo. ¿Cómo puedes decir que están malas?” Entonces me di cuenta que el Señor estaba trabajando con mi actitud hacia los demás. Ninguno conocemos el tiempo de madurez del otro. Solamente Dios sabe si la persona está madurando según Su tiempo y Su plan. Al paso del tiempo, esas pequeñas manzanas verdes del árbol estarán jugosas, maduras y deliciosas. De igual modo, el fruto en nuestras vidas llegará a la madurez en el tiempo del Señor.

En otro momento devocional con nuestro personal, el Director Internacional de Proyectos Barry Mevorach nos dijo: “El proceso de madurez toma tiempo. El fruto del Espíritu no puede adquirirse gratuitamente. No despertamos una mañana con el fruto de la bondad o el dominio propio. Tiene que desarrollarse a lo largo de nuestras vidas. El fruto del Espíritu se cultiva a medida que nosotros menguamos yYeshúa crece.”

Los resultados son inevitables. Pueden ser excelentes, buenos, pobres, o malos, pero el fruto es inevitable. El Altísimo espera fruto en proporción a lo que ha invertido en la vid. Cuando Dios evalúa los resultados, considera las condiciones individuales: el ambiente social y trasfondo espiritual (el terreno), la edad del árbol (madurez espiritual), y las oportunidades que nos ha dado en el pasado.

La vendimia que el Señor espera no es una cosecha de posesiones materiales, dinero, casas, o tierras. No es una cosecha de educación o renombre, aunque éstas tienen su importancia. El fruto que Dios procura en Su pueblo es el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio (Gál. 5:23). Cada racimo en la viña espiritual del Omnipotente debe producir, aunque en cantidad variada, el fruto del Espíritu Santo. Cualquier otro logro, pese al valor que el mundo le otorgue, nada vale comparado con ese fruto.

Mi oración por usted hoy es que escoja permanecer en la vid, se someta a la ministración amorosa del Hortelano, y confíe en Él para que haga lo que sea necesario en su vida. No dude, porque será la decisión más importante de su vida.

Bendiciones desde Jerusalén,
Rebecca J. Brimmer
Presidenta Internacional y CEO
(Traducido por Teri S. Riddering, Coordinadora Puentes para la Paz - Centro de Recursos Hispanos)

Fuente:  bridgesforpeace.com
Llevando frutos para el Reino de Dios Llevando frutos para el Reino de Dios Revisado por el equipo de Nexo Cristiano on 13:14 Rating: 5
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