Andando en camino del Señor



“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma” (Ef. 5:1-2).

Por las tardes después del trabajo, mi esposo Tom y yo frecuentemente tomamos un paseo para poder estar juntos y conversar. Disfrutamos ese tiempo mientras caminamos por Gilo, un vecindario al sur de Jerusalén. Aunque haya hecho calor durante el día, casi siempre se levanta una fresca brisa al anochecer. Recientemente, mientras leía el capítulo cinco de Efesios, me percaté del uso repetido del concepto andar o caminar, enfatizando la manera en que debemos vivir o caminar durante nuestra vida. En ese momento decidí examinar las Escrituras para ver cómo nuestro andar se relaciona con Dios.

Adán y Eva Caminaron con Dios

Adán y Eva llevaban una vida idílica en su bello jardín. Lo mejor de todo era la cercanía que disfrutaban con Dios, quien venía al jardín y caminaba con ellos. En Génesis 3:8 dice: “Y oyeron al SEÑOR Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día…” Parece que a Dios también le gustaba caminar y compartir durante el fresco del día.

Andando con Dios

La palabra “andar” en la Biblia es usada literalmente y también figurativamente. Cuando es utilizada figurativamente, se refiere a la conducta y manera de vivir, o a la observación de leyes y costumbres (Tenney).

Leemos en la Biblia acerca de numerosas personas que caminaron con Dios, como Enoc, Noé, Abraham e Isaac. Según esos pasajes, entendemos que a Dios le agradaban esos fieles héroes de la fe.

En repetidas ocasiones, Dios animaba a Su pueblo para que ande en Sus caminos:“Y ahora, Israel, ¿qué requiere de ti el SEÑOR tu Dios, sino que temas al SEÑOR tu Dios, que andes en todos sus caminos, que le ames y que sirvas al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y que guardes los mandamientos del SEÑOR y sus estatutos que yo te ordeno hoy para tu bien?” (Deut. 10:12-13). Ese pasaje se ha descrito como la esencia de la Ley. El apóstol Pablo utiliza la misma terminología en su carta a los Efesios: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Ef. 2:10).

La Manera en que Debemos Andar

En hebreo, la manera más común de decir “andar o caminar” es ‘halaj’, y significa:
- Hacer un camino para sí, progresar; hacer uso de las oportunidades.
- Vivir, regular la vida personal, conducirse, ocuparse en algo de la vida.

El hebreo escrito es un idioma de consonantes, y las vocales son memorizadas o a veces indicadas por pequeños símbolos sobre, debajo o al lado de las letras. Cada palabra contiene una raíz, llamada ‘shoresh’. En el caso de ‘halaj’, el ‘shoresh’ se compone de tres sonidos: H-L-J
. Hay muchas palabras que tienen esa misma raíz con significado parecido. Una de las más comunes es ‘halajá’, que literalmente significa “el camino por donde uno debe andar.”

Halajá – El Camino por Donde Uno Debe Andar
Creo que es muy importante que comprendamos esa palabra, porque sustenta todo el pensamiento y la práctica dentro del judaísmo. La Biblia fue escrita por autores judíos (con la posible excepción de Lucas) quienes pensaban de manera hebraica. Vivieron en una cultura hebrea, y comprendían muy bien el concepto de halajá.

El Dr. Marvin Wilson, en su libro Our Father Abraham [Nuestro Padre Abraham], describe ‘halajá’ de la siguiente manera: “Durante el período del judaísmo rabínico, el término halajá (literalmente andando, procediendo, caminando) tomó un significado muy especial. Designaba las leyes y los reglamentos religiosos que uno debe seguir para mantenerse en el camino de la vida. Proveía un mapa desde el comienzo hasta el final de ese camino. Cuando uno se sale del camino de Dios hacia caminos torcidos y perversos, viola la Torá de Dios (de Génesis a Deuteronomio), y debe ‘regresar.’ La palabra hebrea para arrepentimiento es‘teshuvá’, lo que sugiere la idea de ‘dar vuelta’ o ‘regresar.’ El camino de regreso es el camino de la Torá; provee dirección y consejos para poder permanecer en el camino.”

Halajá es el término utilizado para referirse a la Ley Judía. Representa la decisión autoritativa final sobre cualquier pregunta específica. Se basa, primero que nada, en los estatutos y mandamientos bíblicos de la Torá escrita y oral. Halajá es práctico y no teórico; es legal y no filosófico (Donin). El judaísmo es un modo de vida. Halajáes la forma en que los mandamientos se traducen a la vida diaria. Aunque la fe es la base de donde procede la halajá, su enfoque principal es la conducta. Es una acción, y no meramente una fe.

Recientemente comía con un amigo ortodoxo, y tuvimos una conversación interesante. Yo le mencioné que leí en un periódico la referencia de judíos ortodoxos como “creyentes,” y el artículo decía que Israel necesitaba que un creyente estuviera en la posición de Primer Ministro. Me pareció interesante porque creía que el término “creyente” sólo se refería a cristianos. Mi amigo respondió diciendo: “La mayoría de los judíos son creyentes. Lo importante es saber si son judíos practicantes.”

Eso me hizo recordar lo que hace tiempo me había dicho el ahora fallecido Dr. Bernard Resnikov. Me dijo: “Becky, no comprendo a los cristianos. He estado en muchas actividades donde comparten entre sí judíos y cristianos, y los cristianos siempre hablan acerca de lo que creen. En el judaísmo no es así. Si yo leo en la Biblia acerca del shabat (el sábado), y quiero saber más del asunto, procuro a un vecino que guarda el shabat, y le pido que comparta conmigo lo que entiende. Pero si no está guardando el shabat, ¿por qué me molestaré en preguntarle lo que cree al respecto?”

Ambas declaraciones ilustran un pensamiento común dentro del judaísmo: que las verdades conceptuales y sus valores tienen poco significado a menos que sean practicadas en la vida real.

Creyentes Seculares

En Israel, aunque muchos son definidos como seculares, todavía creen en Dios. Pero como no son judíos practicantes, son denominados como seculares. Yaakov Kirshen, un caricaturista famoso por su caricatura política llamada “Huesos Secos” [Dry Bones], una vez relató ante un grupo de cristianos en una Misión de Solidaridad de Puentes para la Paz que había estado leyendo el libro de Ezequiel, y se sintió como si estuviese leyendo el periódico del día. Le fascinaba ver cómo se cumplían las profecías bíblicas, y dijo: “Estoy atravesando una crisis de falta de fe.” Él se define como judío secular, pero según muchas conversaciones a lo largo de los años, puedo comprender que Yaakov lee la Biblia y cree en Dios, aunque no desea llevar el estilo de vida que requiere el judaísmo.

Yo fui criada dentro de un ambiente cristiano, y reconozco que ese no es un problema solamente judío. Muchos cristianos creen en Dios, pero no quieren vivir según los requisitos de Dios. Tristemente, muchos asisten a la Iglesia, pero durante la semana escasamente se distinguen de las demás personas en el mundo.

ANDEMOS EN AMOR, LUZ Y SABIDURÍA

Mientras leía el capítulo cinco de Efesios, me impresionó la palabra andar. En tres ocasiones, Pablo dice a los efesios que deben andar o vivir de cierta manera particular. Relaciono esa palabra con el tema dehalajá. Recuerde, Pablo se describía como “…circuncidado el octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo” (Fil. 3:5). Pablo fue educado por Gamaliel, uno de los más grandes rabinos, y él mismo fue un gran teólogo judío. Halajá le era un concepto muy familiar.

En Efesios 5, Pablo enfatiza el amor, la luz y la sabiduría. En cada mención, hace contraste entre lo positivo y lo negativo. La exhortación en esos pasajes es muy práctica. Se trata de acción, y no mera teoría. El creyente que siga su consejo, evidenciará su fe de manera práctica.

Veamos cómo Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, dice cómo debemos vivir o andar:

AMOR

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma. Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos; ni obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias. Porque con certeza sabéis esto: que ningún inmoral, impuro, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con palabras vanas, pues por causa de estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia. Por tanto, no seáis partícipes con ellos” (Ef. 5:1-7).

Los creyentes hemos sido llamados a imitar a Dios, así como los niños imitan a sus amados padres. Como Dios es amor, es imperativo que los cristianosandemos en amor. Matthew Henry, en su comentario, dijo: “Eso honra la religión práctica, porque es la imitación de Dios. Debemos ser santos como Dios es Santo, misericordiosos como Él es misericordioso, perfecto como Él es perfecto. Pero no existe otro atributo más recomendado para nuestra imitación que Su bondad. Seamos imitadores de Dios, especialmente de Su amor” (Henry).

Francis Foulkes, otro comentarista, enfatiza: “La palabra andar indica la constancia en que el amor debe ser manifestado. El progreso diario del cristiano en el camino de la vida debe ser caracterizado por el amor” (Foulkes).
Muchas veces, a lo largo de los años, he escuchado que el cristianismo es una religión de amor y gracia, mientras que el judaísmo es una religión de ley y juicio. Luego de vivir en Israel por casi 17 años, le puedo decir que no es tan clara la diferencia. Los cristianos somos llamados a andar en amor y gracia, pero también tenemos nuestras prohibiciones y castigos si desobedecemos, como nos indica el pasaje de Efesios 5.

Por otro lado, el amor a Dios y nuestro semejante es un tema central en el judaísmo. El Shemá, la proclamación y oración más conocida, dice: “Escucha, oh Israel, el SEÑOR es nuestro Dios, el SEÑOR uno es. Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (Deut. 6:4-5). Los rabinos enseñan a los judíos que amen a su prójimo a través de una serie de‘mitzvot she-bain adam lehaveró’ (literalmente, las buenas obras entre el hombre y su compañero). Cuando el rabino Donin habla acerca de la bondad, cita el verso de Levítico 19:18: “…amarás a tu prójimo como a ti mismo…”

Una vez, un experto en la ley mosaica preguntó a Yeshúa (Jesús) qué debería hacer para heredar la vida eterna, y le respondió: “¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella? Respondiendo él, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Luc. 10:26-27). El experto en la Ley estaba citando Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18. “Entonces Jesús le dijo: Has respondido correctamente; haz esto y vivirás” (Luc. 10:28). En otra ocasión, un escriba preguntó a Yeshúa cuál era el principal mandamiento, y citó esos mismos versos (ver Marcos 12:29-31).

El cristianismo no nació en un vacío. Yeshúa, los discípulos, los apóstoles y la mayoría de los autores del Nuevo Testamento eran judíos, y sus enseñanzas así lo reflejan.

Luego de que Pablo exhortara a los efesios para que sean imitadores de Dios y que anden en amor, describió algunos pecados contrarios al camino del amor. Dichos pecados reflejan amor y satisfacción propia, en lugar de amor a Dios y al prójimo.

LUZ

“…porque antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de la luz (porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad), examinando qué es lo que agrada al Señor. Y no participéis en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascaradlas; porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto. Pero todas las cosas se hacen visibles cuando son expuestas por la luz, pues todo lo que se hace visible es luz. Por esta razón dice: Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo” (Ef. 5:8-14).

En este pasaje encontramos un contraste entre las tinieblas y la luz. Las tinieblas indican no solamente la oscuridad física, sino también oscuridad espiritual. Debemos andar y vivir en la luz.

Pablo se refiere a los efesios como gentiles que anteriormente no tenían acceso a la luz: “Recordad, pues, que en otro tiempo vosotros los gentiles en la carne, llamados incircuncisión [gentiles] por la tal llamada circuncisión [judíos], hecha por manos en la carne, recordad que en ese tiempo estabais separados de Cristo [el Mesías], excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza, y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús [el Mesías Yeshúa], vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo [el Mesías]” (Ef. 2:11-13).

Siendo gentiles, los efesios no tenían el rico trasfondo de las Escrituras que tenía Pablo. Y cuando Pablo dijo que habían estado en tinieblas, les recordó su previo paganismo, pecado e idolatría. Sin el sacrificio de Yeshúa, nunca podrían haber sido trasladados de las tinieblas a la luz. Los cristianos hemos recibido la ciudadanía de Israel y ahora somos partícipes de los pactos. A través del sacrificio de Yeshúa, nuestro Mesías judío, hemos sido rescatados de las tinieblas y hemos pasado a la luz.

La transformación desde las tinieblas a la luz no es pasiva. En necesario que decidamos concientemente andar en luz.

Yeshúa nos dijo que fuésemos luces: “Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat. 5:14-16). Fíjese nuevamente que se requieren “buenas obras.” La luz de nuestra fe en Dios debe alumbrar en la forma de buenas obras, y así caminaremos en luz.

¿Qué hace la luz? La luz alumbra. Cuando uno prende la luz en una habitación oscura, la oscuridad se disipa. Nuestro estilo de vida debe radiar la luz de Dios y testificar acerca de Su presencia en nuestras vidas.

Siempre enfatizamos la importancia de ese asunto a nuestro personal de Puentes para la Paz en Jerusalén. Por casi 2,000 años, el pueblo judío no ha visto el resplandor del cristianismo. Al contrario, han experimentado rechazo, persecución e intentos de convertirlos al cristianismo a la fuerza. Los judíos, en general, tienen un gran temor de aniquilación. En base a conversaciones privadas, publicaciones y expresiones públicas, he observado que temen la aniquilación en las siguientes tres formas:

  • Muerte: Hitler trató de aniquilar al pueblo judío, y logró matar a un tercio de ellos.
  • Asimilación: Si los judíos se casan fuera de su fe, es probable que los hijos de esa unión mixta no sean judíos, y eventualmente el pueblo judío podría dejar de existir.
  • Conversión al cristianismo: Los rabinos enseñan que si un judío se convierte al cristianismo, deja de ser judío. Algunas familias judías celebran un funeral para los miembros de la familia que se convierten al judaísmo.
Es importante que los cristianos, cuando nos encontremos con alguna persona judía, permitamos que resplandezca nuestra luz. Dios ha llamado a Puentes para la Paz para cambiar su equivocada percepción, y nos esforzamos en alumbrar y permitir que vean nuestras buenas obras, para la gloria de Dios. También trabajamos para cambiar las actitudes en nuestra propia comunidad cristiana, animando a los cristianos para que amen, bendigan y oren por el pueblo judío, el pueblo de nuestro amado Salvador. A medida que caminemos en luz, la oscuridad será disipada.

El mundo en que vivimos hoy día intenta mezclar la luz y la oscuridad. Actos que la Biblia declara como pecaminosas, que eran inaceptables en nuestra sociedad hasta escasamente 50 años, ahora son vistos como normales. El aborto, la homosexualidad, y las relaciones sexuales fuera del matrimonio eran inaceptables, pero ya son la norma. La televisión presenta a los homosexuales como personas buenas que simplemente viven otro estilo de vida. Los estándares de vida en las iglesias también se han ido deteriorando. Los cristianos describen algunas películas como “buenas”, pero pasan por alto las palabras groseras y actos sexuales implícitos que son comunes en ellas. Cuando primero salió “Lo que el Viento se Llevó,” los cristianos se escandalizaron por una sola mala palabra. Actualmente, eso ya no molesta a nadie. En lugar de tratar de permanecer tan cerca de Dios como les sea posible, muchos cristianos tratan de vivir lo más posible en el mundo y aún permanecer como cristianos. Pero esa no es la manera de Dios. ¡Debemos siempre caminar en la luz!

“Y este es el mensaje que hemos oído de El y que os anunciamos: Dios es luz, y en El no hay tiniebla alguna. Si decimos que tenemos comunión con El, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:5-6).

SABIDURÍA

“Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Así pues, no seáis necios, sino entended cuál es la voluntad del Señor. Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor; dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre; sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo” (Efe. 5:15-21).

En el anterior pasaje, la sabiduría es contrastada con la insensatez. En mi posición de liderato, frecuentemente pido a Dios para que me dé sabiduría. Muchos dependen de que pueda escuchar a Dios y tomar decisiones buenas y sabias. Sé que la insensatez es más fácil que la sabiduría, y por eso tengo que estar constantemente pidiendo por sabiduría. Reconozco que “el principio de la sabiduría es el temor del SEÑOR, y el conocimiento del Santo es inteligencia” (Prov. 9:10).

El diccionario define la sabiduría como conocimiento del bien y del mal junto con el buen juicio. La persona sabia tiene capacidad de determinar adecuadamente lo que es recto y justo.

La palabra hebrea para “sabiduría” es “hojmá” . El uso más común de esa palabra ocurre en referencia a la vida diaria. Ese también es el sentido cuando es utilizado en el libro de Proverbios, donde vemos que la sabiduría incluye la inteligencia además de la integridad moral. Dado que una vida pecaminosa es auto-destructiva, la sabiduría es elogiada como el único camino hacia una vida plena y fructífera (Proverbios 3:13-26).

La fuente de toda sabiduría es Dios. Por medio de la sabiduría, Dios enumeró las nubes (Job 38:37), fundó la tierra (Proverbios 3:19), y estableció el mundo (Jeremías 10:12).

¿Qué cosas prácticas podemos hacer para asegurar que andemos sabiamente? El pasaje en Efesios 5 nos da unas buenas instrucciones.

Andemos Prudentemente

Necesitamos ejercer la discreción y la prudencia. La discreción significa que tenemos la capacidad de tomar decisiones según nuestro buen juicio. La prudencia significa tener sabia cautela en asuntos prácticos. En contraste, la persona insensata tiene prisa en sus acciones, a menudo reaccionando impulsivamente en lugar de pensativamente. Uno que anda prudentemente trata de evitar influencias indeseables, lo cual podría causar que se desvíe de su camino.

Redimamos el Tiempo

Cada cual ha recibido la misma cantidad de tiempo. En ese respecto, todos somos iguales. Tenemos 168 horas a la semana, y nosotros decidimos cómo utilizarlas. Mientras transcurre el tiempo, más me doy cuenta de cuán precioso es el tiempo. Con la bendición de Dios, cada hora que invirtamos sabiamente rendirá grande cosecha. Pero cada hora desperdiciada se ha ido para siempre, y nunca podrá ser redimida. En medio de la oscuridad de esta época, el buen uso del tiempo adquiere mayor importancia. Debemos aprovechar todas las oportunidades para hacer la voluntad de Dios. Debemos hacer lo mayor posible por adelantar los propósitos de Dios en este mundo, porque “los días son malos.”

Conozcamos la Voluntad de Dios

Dios nos quiere bendecir con sabiduría. Cuando Dios preguntó a Salomón lo que quería, pidió sabiduría. Eso agradó tanto a Dios que no tan sólo le concedió sabiduría, sino que también dio a Salomón honra, riquezas y poder. La Palabra nos anima a procurar sabiduría: “Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero que pida con fe, sin dudar; porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra” (Sant. 1:5-6).

La mayoría de los creyentes desean conocer y seguir la voluntad de Dios. Eso no se trata de un sentir o una emoción. Es un discernimiento de mente y corazón que se obtiene por medio de las Escrituras, la oración y la relación con el Señor. En el pasaje que estamos analizando, Pablo dice a los creyentes que sean llenos del Espíritu. A medida que seamos llenos del Espíritu de Dios, creceremos en la comprensión de Su voluntad. La palabra en griego utilizada aquí indica que esa llenura es una acción que se puede repetir de momento a momento. Por esa razón, podemos decir: “Sé continuamente lleno del Espíritu.” No es una experiencia única.

Fíjese que Pablo hace contraste entre estar lleno del Espíritu y estar lleno de vino al punto de embriaguez. He estado cerca de algunas personas embriagadas, y mi experiencia es que las personas bajo la influencia del alcohol pierden auto-control y a menudo toman decisiones equivocadas. Cuando somos controlados por el Espíritu, el resultado es la sabiduría. Cuando somos controlados por las drogas o el alcohol, resulta la insensatez o peor.

La Vida Llena del Espíritu

El mundo en que vivimos está lleno de tentaciones. El pecado se disfraza de conducta normal, y abundan las oportunidades para claudicar. Por lo tanto, Dios en Su sabiduría, nos ha dado Su Espíritu Santo, quien nos dirige y nos da Su poder para que seamos Sus representantes en medio de estos tiempos perversos. Los que son llenos del Espíritu evidenciarán fruto en sus vidas. Pablo describe en el anterior pasaje algunas de las maneras en que se conducirá una persona llena del espíritu. Son consejos prácticos para ayudarnos a andar con Él de día en día:

  1. Debemos animarnos y edificarnos mutuamente con salmos, himnos y canciones espirituales.
  2. Debemos tener un corazón gozoso, del cual fluya espontáneamente un himno de alabanza al Señor. Me encanta trabajar en la oficina central de Puentes para la Paz en Jerusalén. Tengo maravillosos compañeros que siempre tienen un cántico de alabanza en sus corazones. Es muy común escuchar el sonido de una alabanza o adoración cuando caminan por los pasillos.
  3. Debemos ser agradecidos por todo. Aún cuando sufrimos cosas difíciles y dolorosas, podemos dar gracias a Dios de que nos acompaña en medio de ellas, reconociendo que tiene el poder para hacer que surja algo bueno del desastre.
  4. Debemos someternos el uno al otro en el temor de Dios. No hay ser humano alguno que no tenga debilidades, y todos somos susceptibles a la tentación. La persona sabia reconoce su área de debilidad y pide que otros le ayuden. También debemos sentir responsabilidad por nuestra conducta ante los demás. Debemos poder confiar en el apoyo de nuestras amistades cercanas, y ser vulnerables y transparentes con ellos. Necesitamos confesar nuestros pecados en humildad y someternos a ellos en el temor saludable de Dios.

FE Y ACCIÓN

Agradezco a mis amistades judías por retarme en considerar la relación entre la fe y la práctica. Quizás no se dan cuento de ello, pero otro hombre judío, Santiago, nos dijo lo mismo:

“Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos…¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo? Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta. Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno. Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan. Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estéril?” (Sant. 1:22, 2:14-20).

Mi padre, el Dr. David Allen Lewis, acostumbraba parafrasear esas palabras de Santiago, diciendo: “¡La fe sin acción es fraude!”

El Sermón del Monte de Yeshúa se basa firmemente en el pensamiento judío. Jesús declaró: “No todo el que me dice: "Señor, Señor", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mat. 7:21). Dios nos llama para que seamos hacedores de Su palabra. Escojamos andar en amor, luz y sabiduría, caminando en comunión con Dios. La fe, por medio de las obras, alumbrará sobre todo el mundo, para la gloria de Dios.

Por Rebecca J. Brimmer
Presidenta Internacional y CEO
(Traducido por Teri S. Riddering, Coordinadora Puentes para la Paz - Centro de Recursos Hispanos)

Fuente:  bridgesforpeace.com
Andando en camino del Señor Andando en camino del Señor Revisado por el equipo de Nexo Cristiano on 12:18 Rating: 5
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