Rebeca, retrato de una mujer, por Julia Blum


La historia de amor de Isaac y Rebeca es una de las historias de amor más hermosas de la Torá. Lo más maravilloso de esta historia es el sorprendente hecho de que, antes de convertirse en una historia de amor, fue una historia de fe. Implicó la fe de varias personas para que esta historia llegase a ser una historia de verdadero amor. Vayamos a Génesis 24, observando al sirviente de Abraham siendo enviado a buscar una esposa para su joven amo.
Antes que nada, por supuesto, estamos maravillados (¡otra vez!) por la fe de Abraham, quien no tuvo duda alguna de que Dios mismo se encargaría de escoger una esposa para Isaac:

Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi hijo. Génesis 24:7

Ciertamente, esta historia requiere una gran fe por parte del siervo principal de Abraham (probablemente Eliezer, aunque su nombre no se menciona en este capítulo). Aunque para esa fecha, él ya había presenciado muchos milagros que el Señor había hecho en la vida de su amo, todavía requeriría un gran acto de fe para emprender el viaje y confiar en que el Señor le enviaría a la joven adecuada. Cuando él llega y se para ante el pozo, fuera de la ciudad, ruega por éxito (“buen éxito” o “buena fortuna” según la traducción), si lo traducimos literalmente, está pidiendo a Dios que “haga que el día suceda delante de mí” (הַקְרֵה-נָא לְפָנַי הַיּוֹם ). Es importante resaltar que esta es la primera oración para la guía divina que encontramos en la Biblia.

Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. Génesis 24:12

Entonces él pide que ella sea una muchacha amable y humilde. Presta mucha atención: él no ruega por la apariencia o riqueza de ella; es su amabilidad, su actitud servicial y su comportamiento lo que pone como señal delante del Señor. Todos sabemos que sus deseos fueron encontrados de forma exacta e inmediata y también sabemos que él quedó absolutamente atónito por esta respuesta inmediata.

Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no. Génesis 24:21

La palabra “callando” podría también significar: “estar sin habla”. Creo que esto es exactamente lo que le sucedió a Eliezer: no solo estaba callado, sino absolutamente sin habla al ver la escritura de Dios en esta historia.

Incluso es todavía más sorprendente ver esta realidad invisible de la presencia y guía de Dios, haciéndola visible y obvia para todos, incluso para aquellos que no conocen a Dios . El padre y el hermano de Rebeca, después de escuchar el testimonio del criado, dicen unas palabras sorprendentes (uno puede incluso imaginar que el criado estaba absolutamente boquiabierto al oír estas palabras procedentes de personas no creyentes):

Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. Génesis 24:50

Mi-Adonai Yatza Ha-Davar —“De Jehová ha salido esto”—. ¡Qué obvia debe haber sido la presencia del Señor para las personas que no le conocían hablar estas palabras!

Sin embargo el personaje más increíble aquí, fue indudablemente Rebeca, la parte de la historia más sorprendente es la fe de esta joven, y muy honestamente, puedo pensar que no hay fe más firme que la que Rebeca muestra aquí. Cuando el sirviente aparece de la nada y presenta ante ella la elección de su vida —si ella estaría dispuesta a ir con él para ser la esposa del hijo de Abraham— ella dice: “Sí”, y este es otro “Sí” para Dios, tal como vemos muchas otras veces a través de este libro —otra historia de cómo entrar en el plan y las bendiciones de Dios al rendirle la vida a Él.

Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré. Génesis 24:58

El carácter y la fe de Abraham son admirados constantemente, y efectivamente es así , a la edad de 75, dejó voluntariamente su casa y fue a la tierra que Dios le había mostrado. Sin embargo, raramente oímos alabanza similar para Rebeca, la cual hizo la misma elección, incluso más decisiva y dramática. 
No podemos decir con certeza el tiempo transcurrido entre la primera vez que Abraham escuchó la llamada de Dios y la verdadera partida de su casa: podrían haber sido días, semanas, meses o quizá años. Solo sabemos que se fue, y lo alabamos por eso. Pero, damos por hecho de que Rebeca hizo esta crucial elección y dejó su casa en un día. Imagina: ellos no tenían teléfono ni Internet; no tenían coches ni aviones; y para ella dejar su casa así, significaba dejarla para siempre y probablemente no volver a ver a su familia nunca más. El hecho de que ella fuese capaz de tomar una decisión definitiva, dejar atrás todo y a todos los que ella conocía y amaba, es testimonio de un carácter absoluto y excepcional. No solo tomó la decisión que cambió su vida para siempre de un día para otro (y, a propósito, también cambió la vida de toda la humanidad) sino que a la mañana siguiente en vez de pedir por un retraso misericordioso, ella estaba lista para partir.
Intentemos entender lo que Rebeca tuvo que pasar: ella no creció en una familia de verdaderos creyentes, tal como hizo Isaac, ella no conocía a Dios tal como Isaac hizo, pero cuando Eliezer apareció delante de ella aquel día, sin saber de dónde, de alguna manera ella supo que no era apenas ese sirviente, sino Alguien en él y por encima de él —Alguien mucho más que él— quien entró en su vida y reclamó su vida. Supongo que ella, al igual que todas las jovencitas, estaba interesada en su futuro marido, pero ella no sabía absolutamente nada referente a él y nunca antes le había visto, así pues él no era muy real para ella. Sin embargo, ese “Alguien” que tocó su corazón a través de Eliezer, era tan real que ella en ese momento decidió que le quería a Él en su vida. Ella le entregó su vida en aquella asombrosa decisión de fe, una decisión tan simple y tan rápida que cambió su vida, confiando en Él junto con su marido y con su vida entera —y creo que ella nunca miró atrás a partir de ese momento

Primer encuentro

La última vez hablamos de esta extraordinaria joven capaz de tomar con tanta rapidez y coraje, una increíble decisión de fe que cambió la vida: dejar su casa y a su familia para siempre y seguir al siervo de Abraham para Canaán. Todo esto acontece en Génesis 24 —y al final de este largo capítulo lleno de acontecimientos, somos testigos de una escena fascinante—. Cuando Rebeca ve a Isaac por primera vez, saliendo del desierto, justo en ese momento, ella literalmente cae de su camello. En inglés usualmente se traduce como “bajó” o “desmontó” —sin embargo, la expresión inglesa, descendió de su camello—, Génesis 24:64  no representa correctamente al hebreo original, ותפל מעל הגמל y ella cayó, cayó del camello. Y aunque no vemos este verbo en particular, “caer”, en este versículo en inglés, los comentarios judíos discuten precisamente este verbo, ליפול yuxtaponiéndolo, por ejemplo, con las palabras del Salmo 37:24: “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano”.

Algunos lectores deben saber sobre la historia del sacrificio de Isaac, entre muchos asuntos más un misterio que algunos han señalado desde hace mucho tiempo. Después de todo lo que aconteció en el Monte Moriah —después de que el cuchillo levantado fue detenido por la voz del cielo— Génesis 22:19 afirma: Y volvió Abraham a sus siervos, y se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba. Isaac no es mencionado en nada. ¿Dónde andaba? ¿Qué sucedió con él después de aquel hecho? Históricamente, esa circunstancia provocó numerosos discursos y especulaciones que son representados en una amplia variedad de obras de nuestros sabios y rabinos. ¿Adónde se fue Isaac? ¿No sería correcto que esperáramos, después del trauma que el hijo había experimentado que Abraham permaneciera obsesivamente cerca de él, mostrándole aún más amor y preocupación? Especialmente porque, en última instancia, el propio Abraham (aunque no por su propia voluntad, sino por la de Dios) había causado al hijo tal trauma? ¿No sería correcto que esperáramos una historia sobre cómo el padre y el hijo, después de someterse a sus pruebas conjuntas, habrían regresado a casa junto a la Sara enferma y preocupada? (Recuerda: en aquellos días, no habían teléfonos y Sara no habría tenido la menor idea de lo que había ocurrido en el Monte Moriah). Pero no encontramos aquí nada de ese tipo: ninguna expresión de las emociones de la familia en la ocasión; ninguna descripción de una unión alegre entre el padre y el hijo probados conjuntamente. Las Escrituras solo nos informan sobre el regreso de Abraham.  En el siguiente capítulo, Sara muere (al preocuparse por Isaac, dice la tradición judía).  Sin embargo, Isaac no se ha visto, ha desaparecido y aparece luego en la Palabra de Dios solo al final de Génesis 24, en la escena que estamos presenciando ahora, justo antes del primer encuentro con Rebeca, su futura esposa. ¿Dónde había estado Isaac?

Este es un ejemplo maravilloso de las cosas que solo pueden ser entendidas en hebreo. Génesis 24:62 nos dice que Y venía Isaac del pozo del Beer Lahai Roi . Si no conocemos el hebreo, este nombre no significa nada, pero aquel que entiende hebreo, será sorprendido por su profundo significado: El pozo de Aquel Que me Ve, Vive —así es como lo traduciría—. Este profundo nombre ocurre por primera vez en Génesis 16: Agar da ese nombre al pozo donde el ángel del Señor la encontró. Dado que el nombre está conectado con Agar, Midrash Génesis Rabbah  (N. del E: Texto religioso del periodo clásico del judaísmo) , sugiere que Isaac había ido allí para llevar a Agar a Abraham su padre, para que él se casara con ella.  Génesis 60:14    Sin embargo, pienso que este nombre significa mucho más que eso en la historia de Isaac: nos dice que, incluso después de la Aqedah, después de lo que había experimentado en el Monte Moriah, cuando Isaac desaparece, tanto de su familia como de nuestro campo de visión –cuando nadie podía ver a Isaac o saber dónde estaba– el Señor todavía lo veía; mientras Isaac desaparecía de la vista de todos los demás, no desaparecía de la vista de Dios. Dios tenía Su Propia razón y plan para la ausencia temporal de Isaac: ciertamente era una época de una relación muy estrecha entre Isaac y el Señor —un tiempo en que no fue su padre terrenal, sino su propio Padre Celestial, que lo restauró después del terrible choque que había atravesado Aquel Que me Ve, Vive.

Ahora, regresando a nuestra pregunta original: ¿por qué Rebeca cayó? Pienso que, después de la experiencia en el Monte Moriah y después del tiempo que él pasó con Dios, cuando Dios era el único que lo veía, Isaac debe haber estado resplandeciente con la luz de Dios y brillando con una gloria de Dios. Un escritor judío escribe sobre Rebeca y este encuentro inicial: “Ella vio su majestuosa apariencia y ella quedó asombrada por él”. Cuando el corazón se humilla delante de Dios en el fuego de la prueba, este es purificado y lleno con la gloria de Dios. Isaac está saliendo del desierto, irradiando la luz de Dios.

Y tal vez esta sea una razón adicional, en Génesis 24:65 leemos: “Ella entonces tomó el velo, y se cubrió”. Está claro que todos sabemos que ella se cubrió tanto por modestia como por señal de sujeción a su futuro esposo: de acuerdo con la costumbre oriental, la novia debe presentarse con velo ante la presencia del novio. Sin embargo, el hecho de que ella cayera del camello insinúa que había aún más que eso. Isaac estuvo deslumbrante ante Rebeca cuando ella puso los ojos en él por primera vez , y tanto el caer del camello como el cubrirse, comienzan a tener más sentido mientras pensamos en Isaac irradiando la gloria de Dios cuando se acercó a ella.

Mis queridos lectores, a estas alturas probablemente piensan que la parte más excitante de nuestra historia ha finalizando: nuestros héroes se han conocido y ese encuentro inicial estuvo muy bien. La muchacha casi se cae del camello cuando vio al novio por primera vez, ella quedó verdaderamente impresionada con él, así pues, ¿qué más podríamos esperar de esta historia? Pero les puedo asegurar que todavía hay detalles muy interesantes que descubrir, así pues, continuemos dibujando nuestro retrato bíblico.

La historia de amor

Ya sabemos que esta historia, antes de llegar a ser una historia de amor, fue una historia de fe, y ahora podemos ser testigos de esta sorprendente transformación: la historia de fe se transforma en una historia de amor. Todo Génesis 24 expresa la fe de diferentes personajes —Abraham, su criado, Rebeca— pero al final de este largo y hermoso capítulo, después de todo lo que ha sucedido aquí, leemos: “Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; (יֶּאֱהָבֶ֑הָ) y se consoló Isaac después de la muerte de su madre” Génesis 24:67 . Es muy importante destacar que en un sentido romántico, refiriéndose a una relación entre un hombre y una mujer, el verbo “amar” (en hebreo ahav) aparece aquí por primera vez en la Torá (y por segunda vez, después de todo: la primera vez que encontramos esta raíz es en Génesis 22, cuando Dios le dice a Abraham, “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas”. Los sentimientos de Isaac hacia Rebeca deben haber sido muy fuertes si la Torá encuentra necesario usar este verbo aquí. También es interesante destacar que en ambas ocasiones, el verbo “amar” es atribuido a Isaac: él era quien era amado en Génesis 22, y es quien ama en Génesis 24.

Hay algo más para aprender de este versículo: Isaac no solo fue un marido cariñoso, también fue un hijo tierno y amoroso. Tenía 40 años cuando se casó con Rebeca, y tenía 37 cuando murió su madre (Sara murió a la edad de 127 años). A propósito, es digno de mencionar que la tradición judía conecta la muerte de Sara con los eventos de Génesis 22, lo cual significa que Isaac tenía 37 años cuando fue llevado al Monte Moriah, y no era un adolescente como a menudo es descrito por el cristianismo. Pero aunque la muerte de Sara no estuviese conectada con la Aqedah, las cuentas son las mismas: Isaac tenía 37 cuando murió su madre y tenía 40 cuando se casó con Rebeca , y las Escrituras nos dicen que él fue consolado solo después de casarse, así que durante tres años había estado llorando la muerte de su madre.

Un matrimonio piadoso

Antes de decir algo sobre este matrimonio, es importante señalar que Isaac fue el único patriarca que se mantuvo monógamo (a diferencia de Abraham o Jacob): Rebeca fue su única esposa durante toda su vida. Creo que este hecho por si solo habla mucho. Sin embargo, hay más:

Hay un versículo en Génesis 25 que invariablemente toca mi corazón: “Y oró Isaac a JEHOVÁ por su mujer, que era estéril; y lo aceptó JEHOVÁ, y concibió Rebeca su mujer”…   Génesis 25:21 Este versículo nos proporciona una visión de este matrimonio, de la más estricta e íntima relación de esa pareja, porque hay varias cosas, especialmente en hebreo, que hacen a este versículo especial.

Primero que todo, el mismo hecho de que Isaac orase por su mujer es muy significativo. Ambas, Sara, la esposa de Abraham y Raquel, la esposa de Jacob, fueron estériles durante un tiempo, pero no escuchamos una sola palabra en las Escrituras diciendo que Abraham oró por Sara. Todavía fue peor con Jacob: Cuando Raquel se quejó por su esterilidad, Jacob se enfadó y dijo: “¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el fruto de tu vientre?”  Génesis 30:2   Puede ser que ellos también oraron, pero las Escrituras nos dicen explícitamente que solo Isaac “oró al SEÑOR” por la esterilidad de su esposa.

Segundo, la elección de las palabras del hebreo en este versículo es muy remarcable. La palabra “oró” aquí (en muchas traducciones es “rogó”) se presta a la palabra hebrea יֶעְתַּר (ye’etar), la cual tiene una connotación de compromiso apasionada de continuar hasta alcanzar el resultado deseado. Es aún más remarcable el hecho de que ambas frases: “Y oró Isaac a JEHOVÁ” y “lo aceptó JEHOVÁ”, usan la misma raíz hebrea: Cuando Isaac intercedió (וַיֶּעְתַּ֙ר יִצְחָ֤ק) delante del SEÑOR, el SEÑOR intercedió y respondió a su ruego (וַיֵּעָ֤תֶר לוֹ֙ יְהוָ֔ה).

Toda esta dinámica entre el ruego de Isaac y la respuesta del Señor, está completamente perdida en la traducción, porque ambas frases están traducidas con verbos absolutamente diferentes. Y aunque entendemos que esa es la dinámica, ese compromiso de continuar y persistir, es lo que trajo el resultado deseado: el SEÑOR le respondió y Rebeca su esposa concibió. Rashi escribe: “Él (Dios) se permitió a sí mismo ser rogado, apaciguado e influido por él”.

Mujer piadosa

Al principio hablamos de esta joven que fue al pozo cuando el sirviente permanecía orando allí. Incluso entonces, Rebeca demostró tener un corazón amable, humilde y servicial —ofreciéndose a sacar agua para los camellos, un trabajo enorme y cansado para una muchacha— aunque ella no creció en una familia creyente, tal como lo hizo Isaac, y no conocía a Dios, tal como Isaac. Sin embargo, el toque y el llamado de Dios en ese día, mediante Eleazar, fue tan real que ella decidió al momento aceptarle a Él en su vida y entregar su vida a Él. Todavía no conocía a Dios —sin embargo, ella le aceptó en su vida.

Han pasado veinte años, y ahora vemos a Rebeca conociendo a Dios y permaneciendo firme y madura en su fe. Cuando ella no sabe lo que está sucediendo en su vida y con su embarazo, ella pregunta al Señor:

“Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová”.Génesis 25:22

A propósito, “consultar a Jehová” traduce aquí la misma expresión hebrea (אֶת־יְהוָֽה׃ לִדְרֹ֥שׁ ) que a veces se traduce como “buscar al Señor”. Por ejemplo, leemos en Deuteronomio: “Mas si desde allí buscares a JEHOVÁ tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma”, Deuteronomio 4:29 תִדְרְשֶׁ֔נּוּ בְּכָל־לְבָבְךָ֖ וּבְכָל־נַפְשֶֽׁךָ׃. Esta expresión no suele ocurrir en la Biblia, y cuando sucede, nunca se refiere a una mujer —excepto aquí—. Una vez más, Rebeca es un personaje único: es la única mujer en la Biblia de quien se ha dicho explícitamente que fue a “consultar a Jehová”. No es sorprendente entonces, que ella efectivamente escuchó al Señor —porque ella fue a consultarle—. Yo creo que todos estamos familiarizados con la respuesta del Señor , la profecía que define las vidas de Jacob y Esaú.. La próxima vez analizaremos esta profecía ya que hablaremos sobre la maternidad de Rebeca y sus hijos.

La repuesta del Señor

Continuamos observando a Rebeca en estas páginas. Probablemente ya han notado que de todas las cuatro matriarcas (Sara, Rebeca, Leah y Raquel), la personalidad de Rebeca es la más completamente definida y descrita en las Escrituras —y creo que este hecho por sí solo es un testimonio de su extraordinario carácter—. Vimos a Rebeca como a una jovencita; la vimos como una mujer embarazada; y ahora la veremos entrar en su maternidad , la última prueba de fe para cada mujer.

Recordamos que Rebeca concibió y que fue la respuesta de Dios a la emotiva y fiel intercesión de su marido. Recordamos también que tal como su embarazo progresaba, Rebeca sentía fuertes movimientos en su vientre: “Pero los niños con fuerza luchaban entre ellos…” Aquí la palabra “luchaban” traduce las palabras hebreas ויתרצצו, pero no expresa realmente la gravedad de la situación de Rebeca: la raíz רצץ transmite la idea de “romper”, “estrujar” y “oprimir”, los movimientos que ella sentía eran extremadamente fuertes y extremadamente inusuales.

Rebeca estaba verdaderamente preocupada, probablemente en primer lugar, por un posible aborto. Recuerda que ella había sido estéril durante veinte años. Una mujer moderna tendría un ultrasonido; por supuesto que Rebeca no tenía esta opción, y como ya sabemos “fue a consultar a JEHOVÁ”.

 «Y le respondió Jehová:Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor”.  Génesis 25:23

Cuando vemos las consecuencias a largo plazo de este famoso versículo, por supuesto que Rebeca estaba preocupada en primer lugar por el conocimiento que era relevante para su embarazo. Ella se dio cuenta por primera vez, que había dos bebés en su seno. Los comentarios rabínicos dicen que ella quedó muy aliviada y consolada con las noticias: ella pensó que algo iba mal con su bebé y su embarazo, por eso fue un descanso saber que “tan solo” era una lucha entre dos bebés. Creo que ella también estaba bastante sorprendida: Jacob y Esaú fueron los primeros mellizos mencionados en la Biblia, y en ese momento, Rebeca ni siquiera conocía nada sobre esa posibilidad. En este sentido, es solo cuando dio a luz a los gemelos que se hizo evidente que ella no estaba imaginando cosas y que la respuesta, con toda seguridad, venía del Señor.

Dos naciones en su vientre

Lo segundo, la respuesta de Dios a largo plazo era aún más significativa: los movimientos de los bebés en el vientre de Rebeca eran una señal que predecía la relación que tendrían como hermanos y que simbolizaba las luchas entre dos naciones. “Dos naciones hay en tu seno”: no solo significa que cada bebé empujaba en su propia dirección, incluso ahora, y es por eso que sientes esos fuertes movimientos en tu interior, pero ellos se separarán e irán en direcciones completamente opuestas una vez sean liberados de tu cuerpo.

Sin embargo, hay algo más que debemos saber sobre este versículo. Aún cuando las traducciones tradicionales siempre terminan con la última frase “y el mayor servirá al menor”, en hebreo esta última parte del versículo no está tan clara y presenta una considerable ambigüedad: ‎וְרַ֖ב יַעֲבֹ֥ד צָעִֽיר. Ya que aquí las palabras del hebreo no tienen el artículo definido, la palabra את (et) —que define directamente el objeto marcado— no se encuentra. Sin embargo sin את (et), no está claro cuál palabra es el objeto y cuál es el sujeto. Sin el marcador, el texto puede ir en ambos sentidos, y por eso, no hay manera de determinar quién sirve a quién.

Finalmente, debemos saber que שְׁנֵי גֹיִים בְּבִטְנֵךְ —“Dos naciones hay en tu seno”— ha sido una frase muy importante en la historia judía. Muchas veces ha sido utilizada para definir la relación del pueblo de Israel con las naciones a su alrededor. Por ejemplo, tal como Jacob fue visto como representando a sus descendientes, al pueblo judío, así Esaú se decía que representaba a Roma, el poder que destruyó el Templo y expulsó al remanente de Israel. La frase también ha sido usada por los comentaristas judíos en su percepción de judíos y cristianos en la Edad Media.

Los gemelos

Finalmente nacen los gemelos. Me pregunto qué pasaría por la mente de Rebeca cuando miró a sus hijitos. Ella sabía que los muchachos irían por caminos diferentes. —¿Lo vio ella desde el principio?— Hace tan solo unos pocos días, escuchaba a una amiga decir cómo sus hijos discutían y se peleaban entre ellos, y lo desesperada que se sentía por ello. ¿Rebeca se sintió desesperada? ¿Intentó que se reconciliaran cuando estaban peleando o simplemente pensó?: de cualquier forma, están destinados a ser así, ¿para qué preocuparme? Desde luego, la maternidad viene a ser una prueba definitiva de fe para la mayoría de las madres y no tengo dudas de que fue así para Rebeca: toda su situación, profetizada y definida por Dios, era extremadamente complicada y desafiante.

Todos conocemos la historia de la bendición robada por Jacob gracias a la conspiración de Rebeca. Sin embargo, antes de esta historia habían pasado años y años (la próxima vez calcularemos juntos cuantos años exactamente) de difícil, dolorosa y desgarradora maternidad. ¿Compartía ella esta profecía con la familia? ¿Con su marido? ¿Con sus hijos? ¿Cómo empezó esta terrible división entre los hermanos? ¿No se llevaron bien desde el principio, incluso cuando eran pequeños? ¿Fue esta división inevitable a causa de la profecía de Dios? ¿O fue tan solo un imperfecto entendimiento humano de esta profecía lo que causó la enemistad entre los dos hermanos?

¿Es importante para nosotros entender esto? Creo que lo es, porque parece ser muy importante para Dios. Vemos en las Escrituras que toda la vida de Jacob/Israel, en un sentido, ha estado modelada y determinada por el conflicto con su hermano: a causa de este conflicto él marchó al exilio, donde estuvo al servicio de Labán durante 20 años, se casó y fue padre de once hijos (Benjamín nació más tarde); y es por causa y antes de su encuentro con Esaú (la noche anterior al encuentro), que tuvo su encuentro sorprendente y único con Dios en Peniel que cambió su nombre y su corazón —y también cambió definitivamente el curso del próximo encuentro de los dos hermanos—. Y si la historia de Jacob y Esaú es importante a los ojos de Dios (por no hablar de su madre, quien es nuestro objetivo principal), debería ser importante para los nuestros. Entonces, ¿cómo empezó este conflicto? ¿Quizás la terrible división que separará a los hermanos tiene el origen en la historia de los padres?

La pregunta

Ya hablamos sobre la frase: שְׁנֵי גֹיִים בְּבִטְנֵךְ —Dos naciones hay en tu seno—de la profecía que el Señor dio a Rebeca cuando ella todavía estaba embarazada. Mencioné que esta frase ha sido usada repetidamente en la historia para definir la relación del pueblo de Israel con las naciones que le rodean. Israel Yuval, un profesor de la Universidad Hebrea escribió un libro titulado: “Dos naciones hay en tu seno”, sobre las percepciones de judíos y cristianos en la antigüedad y en la edad media .
Hasta ahora sabemos que, incluso entre los patriarcas, la familia de Isaac y Rebeca parecen destacar: Isaac fue el único patriarca monógamo, se nos dice que amó a su mujer e intercedió por ella, más aún, este es el único caso de las tres esposas embarazadas donde las Escrituras nos informan que Rebeca concibió porque el Señor respondió a la oración de Isaac, por eso ellos parecen haber sido una pareja muy tierna y enamorada, especialmente durante la primera parte de su matrimonio.
Sin embargo, todos sabemos la historia de la vida de Jacob en conflicto con su hermano Esaú —y también sabemos cómo toda la historia de Jacob estuvo muy afectada, quizá incluso definida y determinada por este conflicto—. Además de eso, al igual que el patrón de los dos hermanos que transcurre a través de todo el libro de Génesis, Jacob y Esaú —a diferencia de Isaac e Ismael, por ejemplo, o de José y sus hermanos— teniendo los mismos padres (y padres amorosos, como hemos visto). Entonces, ¿cómo sucedió esta terrible separación entre los dos hermanos?
La Torá no proporciona ningún juicio o explicación sobre este conflicto. No justifica, no excusa, no ofrece tampoco ningún comentario; simplemente muestra los hechos: “Y amó Isaac a Esaú… mas Rebeca amaba a Jacob”   Génesis 25:28   y nos queda preguntarnos si este favoritismo parental fue la fuente principal del conflicto o si los hermanos no se habían llevado bien incluso antes de que llegase a ser evidente. Está claro, sin embargo el favoritismo parental jugó un papel muy importante en el conflicto de los dos hermanos —de otra manera las Escrituras no hubieran dicho nada al respecto—. Entonces, intentemos responder la pregunta: ¿Por qué sucedió este favoritismo y cómo empezó? ¿Por qué Isaac amó a Esaú? ¿Por qué Rebeca amó a Jacob?

Los diferentes orígenes

Acabo de mencionar el libro de Israel Yuval. Entre otras cosas, sus respuestas a estas preguntas y su análisis sobre la personalidad de Isaac y de Rebeca no son muy tradicionales, y personalmente, se me han abierto los ojos. Utilizaré un poco de su análisis aquí, en este artículo.

Para que podamos entender los antecedentes de los gemelos, hablemos por un momento sobre los antecedentes de los padres —de Isaac y de Rebeca—. En primer lugar, Isaac es un “sabra”, como diríamos hoy en día: él nació en la Tierra y es el único patriarca que nunca estuvo fuera de la Tierra (nunca fue bahul, como diríamos en hebreo hoy en día). Él deambulaba poco y siguiendo el mandato de Dios ni siquiera deja la tierra en tiempo de hambruna. Génesis 26:2  Él pertenece a esta Tierra y en eso es muy distinto a su padre y a su madre; como sabemos, ambos llegaron a la Tierra obedeciendo el mandato de Dios, lo que significa que ambos eran inmigrantes.

Isaac no solo nació en la Tierra y no solo está completamente conectado a la Tierra, él también trabajaba en la Tierra. Él intenta algo que su padre no intentó y se convierte en el primer agricultor de su familia: él siembra y cosecha y es inmensamente bendecido en ello. “Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo JEHOVÁ”. Génesis 26:12  Isaac siempre ha sido “el hombre de la tierra” —pero después de eso—, realmente viene a ser “el hombre del campo”.

Rebeca, por otra parte, es inmigrante en esta Tierra, procedente de una cultura y raíces completamente diferentes. Por otra parte, el mismo versículo que nos informa sobre el cariño de Isaac por Rebeca, también nos dice que “y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara”.  Génesis 24:67      Desde ese momento, el lugar de Rebeca en la tienda, fue el mismo lugar de su difunta suegra.
Tal como Israel Yuval escribe, esta tensión entre Isaac, el hombre de campo y Rebeca, oculta en la tienda, es una metáfora para el dualismo entre dos personajes y dos símbolos. El campo es el símbolo de quien vive y actúa en la naturaleza, a campo abierto, mientras que la tienda es un símbolo de quietud y aislamiento. Así pues, “la diferencia entre los progenitores marca la escena para la diferencia entre los niños, los gemelos que luchaban uno contra el otro”.Para poder continuar, necesitamos aquí algo de hebreo. Mientras que la mayoría de traducciones llaman a Esaú “un hombre al aire libre”, el texto hebreo lo llama “un hombre de campo”: “y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo”.  Génesis 25:27   Por eso Isaac amaba a Esaú: aunque ellos probablemente no tenían caracteres similares, ambos eran “hombres de campo”, ambos se deleitaban estando en la naturaleza y es muy probable que ellos pasaran mucho tiempo juntos al aire libre. “Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que JEHOVÁ ha bendecido“. Génesis 27:27       Por otra parte, la madre, que estaba sentada en la tienda, probablemente pasaba mucho tiempo con Jacob el cual “era varón quieto, que habitaba en tiendas”.  Génesis 25:27  Así pues, Isaac tenía ese lazo especial con Esaú, mientras que Rebeca estaba mucho más conectada con Jacob. “Y amó Isaac a Esaú… mas Rebeca amaba a Jacob”.  Génesis 25:28  Las Escrituras se refieren a Esaú como al “hijo mayor” de Isaac,  Génesis 27:1   mientras que a Jacob se le llama simplemente “el hijo” de Rebeca. Génesis 27:6

La historia perturbadora 

Génesis 27 también presenta una de las historias más difíciles de este libro. Todos conocemos la historia, muchos se refieren a ella como el robo de la bendición. No hay duda de que esta narrativa levanta muchas preguntas morales perturbadoras y de que cada personaje aquí es presentado a la luz de algo negativo. En primer lugar, desde luego, Jacob no sale muy favorecido: no solo actúa a espaldas de su hermano, peor aún, engaña efectivamente a su inocente y desprevenido padre. Isaac, el padre, por otra parte, frecuentemente se dice que es ciego, no solo físicamente, sino también espiritualmente, siendo incapaz de reconocer la voz de Dios. En cuanto a Rebeca, nuestro objetivo principal aquí, en este punto, la mayoría recuerda que es una hermana de Labán, el cual es astuto y avaro, tramposo y mentiroso: de tal palo tal astilla, o “la manzana nunca cae lejos del árbol”. También entendemos que el camino de Dios nunca puede ser pavimentado por la astucia y la avaricia humana.
Pero habiendo dicho esto, adentrémonos en la historia recordando que, después de todo, Dios todavía es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que a pesar de esto, Rebeca es una de las matriarcas de Israel; y si Dios miró sus corazones. Y sabemos que lo hizo, desde luego y a pesar de todas sus debilidades y errores, e incluso pecados, Él todavía les encontró dignos de ser llamados por sus nombres. Así que intentemos verlo como una historia de buena gente, que intentaron hacer la voluntad de Dios en sus vidas. Intentemos mirar lo mejor de cada uno de ellos, empezando por Rebeca, tal como Dios mira lo mejor en cada uno de nosotros.

¿Qué edad tenían los hermanos?

Cuando pensamos en esta historia, siempre imaginamos a dos hombres jóvenes peleando por la bendición de su padre. Las Escrituras no proporcionan la edad de ellos en el momento de la bendición, tampoco dice la edad de Isaac cuando presintió que moriría (a propósito, después de esto, vivió muchos años más). Sin embargo, tenemos una forma para calcular la edad de los hermanos, y aunque aquí estamos preocupados por Rebeca; aún es importante para nosotros saber cuánto tiempo guardó ella esta promesa en su corazón, esperando verla cumplida. Necesitamos saber eso para entender qué le pasaba a Rebeca cuando hizo su decisión rápida y crucial.
Vamos a involucrarnos en algunos cálculos basados en las Escrituras. Se nos dice que Jacob tenía 130 años cuando fue a Egipto. Génesis 47:9 ¿Qué edad tenía José entonces? La Torá dice que tenía 30 años “cuando fue presentado delante de Faraón” Génesis 41:46 y que después hubo 5 años de hambruna (ya habían pasado 7 años de abundancia) cuando José llamó a Jacob a Egipto. Génesis 45:6,11 Por lo tanto, José tenía alrededor de 30+7+(7-5)= 39 años cuando Jacob llegó a Egipto con 130. Eso significa que Jacob tenía 91 años cuando José nació —“porque lo había tenido en su vejez”—. Génesis 37:3
En Padan-aram, después de que José naciera, Jacob pidió a Labán que le permitiera marcharse. Génesis 30:25 Sin embargo, Labán no le dejó marchar, y al final Jacob pasó 20 años más con Labán: 14 años por sus esposas y 6 por sus ovejas y ganado. Génesis 31:38,41 El momento cuando Jacob pidió a Labán que le dejase ir, debía ser después de estos primeros 14 años. Esto implicaría que Jacob llegó a Padan-aram cuando tenía 91-14=77 años. Lo cual quiere decir que “los muchachos” tenían 77 años en el momento de esta historia, y aunque sus 77 años probablemente se sintieran muy diferentes de como se sienten hoy en día, no eran exactamente hombres jóvenes. También quiere decir que Isaac tenía 137 años en aquel tiempo y que viviría 43 años más — murió cuando tenía 181— Génesis 35:28,29 (en algún punto, cuando tengamos una serie sobre Isaac, compartiré con ustedes por qué en aquel tiempo pensó en su muerte). Esto también quiere decir que durante mucho tiempo, durante 77 años, Rebeca había esperado fielmente el cumplimiento de la profecía que recibió durante el embarazo.

El dilema de Rebeca

Leemos que Rebeca escuchó la conversación de su marido con su hijo Esaú. En las traducciones inglesas, normalmente se traduce como “Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo”. Génesis 27:5 Sin embargo, en hebreo está claro que ella no era parte de esta conversación, y simplemente la oyó  —ella la escuchó—.

No sabemos si Rebeca compartió el mensaje de Dios con su marido, pero si lo hizo, probablemente fue mucho tiempo atrás, quizás 77 años atrás. Por otra parte, ella es la única que sabe con seguridad que Jacob está destinado a ser el heredero espiritual de Isaac, y parece ser que su relación y comunicación con Isaac no estaba en su mejor momento —algo había cambiado en su relación durante esos años—. Hablamos previamente sobre Isaac y Rebeca habiendo sido una pareja tierna y cariñosa, y desde luego lo eran. Pero ahora parece ser muy diferente: este pequeño detalle sobre Rebeca escuchando la conversación, dice mucho. Isaac estaba planeando bendecir a su primogénito y “olvidó” decírselo a Rebeca. Simplemente “sucedió que ella lo oyó” —¿o ella lo escuchó a propósito?— Esta bendición es un gran problema y debería ser un gran evento familiar; el hecho de que él no se lo dijese a ella, lamentablemente, significa mucho. Esta pareja, que acostumbraba a tener una relación tierna y muy cercana, ahora parece que casi no se comunican. ¿Es por causa de su favoritismo paternal, porque cada uno prefería a un hijo distinto? ¿O por el capítulo 26 —por otra historia de hermana/ esposa?— No se nos ha dicho, pero el hecho es que, ya no parecen hablar más y Rebeca, en su interior, está tomando su decisión. Probablemente ella hubiera estado aprensiva sobre tal evento, quizás incluso en busca de él. Y ahí está: en pocas horas, la bendición podría perderse para Jacob —o así lo pensó ella. ¿Qué decidirá?

Lo que muchos desconocen

La historia con la que estamos tratando —la historia de la “bendición robada”— lo mismo que con cualquier otra narrativa, puede ser vista desde diferentes perspectivas. Podemos intentar verla a través de los ojos de Jacob, de Isaac o de Esaú, y quizá en algún punto, lo haremos: Es una historia muy compleja, desde luego, y ciertamente, en cada ángulo adicional se profundizará nuestra comprensión. Ahora, sin embargo, intentaremos verlo a través de los ojos de Rebeca, ya que estamos poniendo las últimas pinceladas en nuestro retrato bíblico de esta hermosa y piadosa mujer.

Me gustaría recordarles dos cosas que hemos aprendido de Rebeca en nuestros artículos previos —dos cosas que muchas personas desconocen al pensar en esta historia—. Primero, ella ahora es una mujer muy mayor. Si sus hijos tienen 77 años, ella tiene más de cien. Piensa en ello: Hace muchos, muchos años, cuando ella era joven y estaba embarazada, recibió una profecía de Dios y todos estos años había estado esperando pacientemente a que la profecía se cumpliese. A pesar de ello, los años fueron pasando y nada sucedió. Pero ahora, no solo está cansada de esperar, sino que probablemente —porque así es nuestra naturaleza humana— tiene pensamientos que la inquietan, tales como: ¿Y si es mi culpa? ¿Querría Dios que yo hiciese algo y lo olvidé?

Y ella no tenía con quien compartir estos pensamientos. Porque, la segunda cosa que aprendimos fue sobre su cambio, o incluso el mismo deterioro de su relación con Isaac. ¿Podría ser una trágica consecuencia de su historia de hermana/esposa en Gerar, cuando Isaac no quiso que nombrasen a Rebeca como su esposa? Ciertamente parece ser así. En Génesis 25, los encontramos muy afectuosos: Isaac, en ese capítulo, intercede fielmente por su esposa, mientras que en Génesis 27 encontramos un cuadro completamente distinto: Isaac planea bendecir a Esaú y no lo comparte con Rebeca. Algo cambió dramáticamente entre los capítulos 25 y 27, y sería una hipótesis segura sugerir que esto sucedió en el capítulo 26, después de la historia de hermana/esposa. Como escribió mi querida amiga Henrietta Wisbey, respondiendo en la clase a mis pensamientos sobre Isaac y Rebeca: “Podría haber habido una herida, una falta de confianza, especialmente con aquel a quien se le ha considerado como guardián de esa relación —quizá ocurrió algo que perjudicó esa relación que se revela a sí misma durante un periodo de tiempo y ha causando una erosión gradual, un desgaste del deseo de compartir los secretos del corazón. Consecuentemente, hay un bloqueo, un retiro y como consecuencia una pérdida”.

La cuestión principal

Así pues, hay un bloqueo, un retiro y una consiguiente pérdida, y como resultado, Rebeca se encuentra completamente sola con sus pensamientos. Creo que ella piensa mucho sobre aquellos momentos cruciales de su vida: cuando siendo una muchacha, dijo “sí” al sirviente y a Dios sin reservas y con audacia, y como 20 años después finalmente queda embarazada y escucha hablar a Dios sobre sus hijos. Quizá ella compara estas historias: como joven, ella era muy decidida, sin miedo a tomar acciones decisivas y tal vez ahora Dios esté esperando su decisión, ¿por su acción decisiva? Ha estado esperando en el Señor durante largo tiempo, y quizá ella piense que Dios está esperando su respuesta —como Él esperó entonces, hace casi cien años—. ¿Acaso no es una cuestión con la que nosotros hemos batallado a veces?: ¿debo todavía esperar en el Señor o hay algo que Él quiere que yo haga?

Podríamos recordar aquí, que los primeros espectadores del libro de Génesis fueron la generación del Éxodo. Las historias de Génesis, ante todo, estaban destinadas a hablar profunda y convincentemente a los israelitas, quienes acababan de abandonar Egipto y procuraban sobrevivir como pueblo. La cuestión con la que Rebeca estaba luchando era también muy relevante para la generación del Éxodo: ¿Recuerda Dios lo que dijo? Han pasado muchos años —¿recuerda Él su propia promesa? ¿Cumplirá Su palabra?

Historia profética

Quizá estos eran los pensamientos que pasaron por la mente de Rebeca cuando empezó nuestra historia y escuchó la conversación entre Isaac y Esaú. Podría ser que a ella le pareció que finalmente había llegado el momento para tomar decisiones y acciones rápidas, como en Génesis 24, ella necesitó tomar una decisión rápida; una vez más, era cuestión de pocas horas antes de que algo irreparable e irreversible sucediese. ¿No había designado Dios a Jacob como heredero de Su promesa y de la bendición de Abraham? Ella solo estaría cumpliendo la voluntad de Dios; ella estaría haciendo lo correcto, intentando prevenir que su esposo cometiese un error —al bendecir al hijo equivocado—. No hay duda de que ella amaba a sus dos hijos: Génesis 27:45 lo demuestra claramente —es una madre que ama a sus dos hijos, pero los ama de forma diferente—. Ella conoce la voluntad de Dios, y una vez más, como en Génesis 24, es capaz de tomar una decisión rápida —diciendo “sí” a la voluntad de Dios—. Le está diciendo “sí” a Dios. Ella escoge unos medios muy cuestionables, desde luego, pero probablemente en su corazón, solo estaba el complacer a Dios y cumplir Su voluntad.

Es por eso que también necesitamos buscar las capas proféticas más profundas de esta historia, porque ciertamente hay mucho más en esta narración que los simples signos de interrogación moral: Esta es una de las más profundas y más proféticas historias que se encuentran en el Génesis. Hay muchas conexiones profundas y consejos para encontrar aquí. Por ejemplo, dos cabras, como Rashi señaló: ¿Por qué el menú de Isaac consiste en dos cabras? O las vestiduras especiales de Esaú que Rebeca dio a Jacob: este doble juego —la vestimenta especial y el sacrificio animal— ocurre varias veces en el libro de Génesis y cada vez cubre algún pecado serio, comenzando con la Caída en Génesis 3: “Según el Midrash, las ricas vestiduras de Esaú que eran guardadas por Rebeca, eran las mismas vestiduras que Dios hizo para Adán. Este Midrash se apoya en el hecho de que las dos primeras veces que encontramos la palabra piel y vestido en la Torá, son en la historia de Adán y Eva, y en la historia de Rebeca y sus hijos respectivamente. Se dice que Rebeca vistió a Jacob con los vestidos del Edén, como si dijese “Con las mismas pieles que Adán se vistió, cuando fue expulsado del Jardín, tú te vestirás cuando le lleves a tu padre la comida sabrosa que yo he preparado. Los vestidos que marcaron la expulsión del hombre del Jardín, marcarán el comienzo de su retorno”.

Muchas de las cosas que has leído aquí, las digo a mis estudiantes en las clases de Hebreo Bíblico. Si este artículo abre tu apetito por descubrir los tesoros ocultos de la Biblia hebrea, estaré muy feliz al proveer más información respecto a los cursos de idiomas bíblicos.

Autora:
Julia Blum, maestra y autora de varios libros sobre temas bíblicos. Ella enseña dos cursos bíblicos en el Instituto de Estudios Bíblicos de Israel, "Descubriendo la Biblia hebrea" y "Antecedentes judíos del Nuevo Testamento", y escribe ideas hebreas para estos cursos.

Israel Institute of Biblical Studies


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Rebeca, retrato de una mujer, por Julia Blum Rebeca, retrato de una mujer, por Julia Blum Revisado por el equipo de Nexo Cristiano on 14:59 Rating: 5

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