La tiranía de lo urgente, por Charles E. Hummell

La tiranía de lo urgente, por Charles E. Hummell

¿Has soñado alguna vez con un día de 30 horas? Seguramente estas horas extras nos liberarían de la tensión tan tremenda bajo la cual vivimos. Nuestras vidas van dejando una cadena de tareas inconclusas. Cartas sin contestar, amigos no visitados, artículos no escritos, libros no leídos perturban los momentos tranquilos cuando nos detenemos para hacer una evaluación. Necesitamos desesperadamente ser liberados. 

Pero, ¿podría realmente un día de 30 horas resolver el problema? ¿No quedaríamos tan frustrados como lo estamos ahora con nuestra asignación de 24 horas? El trabajo de una madre nunca se termina, así como tampoco el del estudiante, maestro, ministro o el de cualquier otra persona conocida. Y el pasar del tiempo tampoco nos ayudará a recobrar lo perdido. Los niños crecen en número y en edad y requieren más de nuestro tiempo. Entre más grande es la experiencia en la profesión y en la iglesia, mayor es el número de compromisos. Así que nos hallamos trabajando más y gozando menos.


¿Prioridades desordenadas?


Cuando nos detenemos a evaluar la situación, nos damos cuenta de que nuestro dilema va más allá de la falta de tiempo; básicamente se trata de un problema de prioridades. El trabajo duro no nos hace daño. Todos sabemos lo que es trabajar “a todo vapor” por largo tiempo, totalmente entregados a una tarea importante. El cansancio resultante es acompañado por un sentido de satisfacción y gozo. No es el trabajo duro, sino las dudas y temores los que producen ansiedad cuando evaluamos un mes o un año y nos sentimos oprimidos por el exceso de tareas sin terminar.

Nos sentimos incómodos pues tal vez hemos fallado y no hemos hecho lo importante. Las presiones de las exigencias de los demás nos han arrastrado hasta un arrecife de frustración. Confesamos, aparte de nuestros pecados: 

“No hemos hecho aquello que debimos haber hecho; en cambio hicimos lo que no debimos haber hecho”

Hace algunos años un hombre de mucha experiencia, gerente de una Industria textil, me dijo:
 “Tu mayor peligro es permitir que lo urgente haga a un lado lo importante”. 

Él no se dio cuenta qué tan profundamente me impresionó su norma. A menudo esta norma vuelve a buscarme y a reprenderme, presentándome el problema crítico de las prioridades. 

Vivimos en tensión entre lo urgente y lo importante. El problema es que la tarea importante en muy raras ocasiones se tiene que llevar a cabo hoy, o incluso esta semana. Horas extras de oración y estudio bíblico, una visita a un amigo que no es cristiano, el estudio cuidadoso de un libro importante; todos estos proyectos pueden esperar. Pero las tareas urgentes requieren acción inmediata —demandas sin fin presionan cada hora y cada día. 

El hogar del hombre ha dejado de ser su castillo; ya no es el lugar alejado de las tareas urgentes porque el teléfono penetra las paredes con demandas imperiosas. El llamado momentáneo de esas tareas parece irresistible e importante, y devoran toda nuestra energía. Pero a la luz de la perspectiva del tiempo su prominencia engañosa se desvanece; con una sensación de pérdida recordamos las tareas importantes que hicimos a un lado. Nos damos cuenta que nos hemos convertido en esclavos de La Tiranía de lo Urgente. 

¿Existe algún escape...?


¿Existe algún escape de este patrón de vida? La respuesta está en la vida de nuestro Señor. En la noche anterior a Su muerte, Cristo hizo una afirmación asombrosa. En Su gran oración de Juan 17:4 dijo: “He acabado la obra que me diste que hiciese”. 

¿Cómo pudo Cristo usar la palabra “acabado”? Sus tres años de ministerio parecieron demasiado cortos. Una prostituta en el banquete de Simón había hallado perdón y una nueva vida, pero muchas otras caminaban por las calles sin perdón y sin esa nueva vida. Por cada diez músculos inanimados que retornaron a una vida saludable, un ciento permaneció impotente. Sin embargo, en esa última noche, con muchas tareas útiles sin hacer, y muchas necesidades humanas urgentes sin satisfacer, el Señor tuvo paz; Él sabía que había terminado la obra de Dios. 

Los evangelios muestran que Cristo trabajó arduamente. Después de describir un día agitado, Marcos escribe: “Al atardecer, cuando ya se ponía el sol, la gente le llevó a Jesús todos los enfermos y endemoniados, de manera que la población entera se estaba congregando a la puerta. Jesús sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades. También expulsó a muchos demonios, pero no los dejaba hablar porque sabían quién era Él” —Marcos 1:32-34, NVI.

En otra ocasión la exigencia de enfermos y mutilados le dejó sin cenar, trabajando tan tarde que su familia pensó que estaba fuera de Sí (Marcos 3:21). Un día después de una sesión agotadora de enseñanzas, Cristo y Sus discípulos se embarcaron. Ni siquiera la tormenta lo despertó (Marcos 4:37, 38). ¡Qué cuadro de agotamiento! 

Sin embargo, Su vida nunca fue febril; Él tenía tiempo para la gente. Podía pasarse horas hablándole a una persona, tal como la mujer samaritana en el pozo. La vida de Cristo mostró un equilibrio maravilloso, un sentido extraordinario del uso del tiempo. Cuando Sus hermanos quisieron que fuera a Judea, El replicó: “…el tiempo mío aún no ha llegado…” —Juan 7:6, NVI. Cristo no arruinó Sus dones por andar de prisa. En la Disciplina y el Cultivo de la Vida Espiritual, A. E. Whiteham hace esta observación: 

«He aquí en este Hombre hay un propósito adecuado... una paz interior que le presta un aire de ocio a Su vida tan activa: sobre todo en este Hombre existe un secreto y un poder para lidiar con los productos de desperdicio de esta vida, el desperdicio del dolor, de la desilusión, de la enemistad, de la muerte —convirtiendo en usos divinos los abusos del hombre, transformando los lugares áridos del dolor en lugares fructíferos, triunfando al final en la muerte, y haciendo de una vida corta de aproximadamente treinta años, abruptamente cortada, una vida “consumada”.

No podemos admirar el porte y la belleza de esta vida humana y luego ignorar los factores que la produjeron».

Espera intrucciones...


¿Cuál fue el secreto de la vida de Cristo? Encontramos una pista siguiendo el relato de Marcos acerca de un día agitado de Cristo. Marcos observa que…
 “Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar” —Marcos 1:35, NVI.

 Aquí está el secreto de la vida de Cristo y Su obra para Dios: “Él esperó en oración las instrucciones de Su Padre” y el poder para llevarlas a cabo. Jesús no tenía un diseño divinamente trazado; Él discernía la voluntad del Padre día tras día en una vida de oración. Por este medio Él detuvo lo urgente y llevó a cabo lo importante. 

La muerte de Lázaro ilustra este principio. ¿Qué podía ser más importante que el mensaje urgente de María y Marta, 
“Señor, tu amigo querido está enfermo” (Juan 11:3, NVI)? Juan registra la respuesta del Señor en estas palabras paradójicas: “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. A pesar de eso, cuando oyó que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más donde se encontraba” Juan 11:5-6, NVI.

 ¿Cuál era la necesidad urgente? Obviamente el evitar la muerte de este amado hermano. Mas la importancia desde el punto de vista de Dios era resucitar a Lázaro. Entonces, se le permitió morir. Más tarde, Cristo lo revivió como una señal de Su magna afirmación: “Yo Soy la resurrección y la vida. El que cree en Mí vivirá, aunque muera” Juan 11:25, NVI. 

Podríamos preguntarnos ¿por qué el ministerio de nuestro Señor fue tan corto? ¿Por qué no duró cinco o diez años más? ¿Por qué tantos miserables que sufrían fueron dejados en su miseria? La Escritura no responde a estas preguntas, y nosotros las dejamos en el misterio de los propósitos de Dios. Pero sí sabemos que el hecho de que Cristo esperó en oración las instrucciones de Dios lo liberó de La Tiranía de lo Urgente. Esto le dio un sentido de dirección, fijó el paso que había que llevar, y lo capacitó para llevar a cabo toda tarea asignada por Dios. Y en la última noche pudo decir: “He acabado la obra que me diste que hiciese”. 

La dependencia te libera...


La liberación de la tiranía de lo urgente se encuentra en la promesa y en el ejemplo de nuestro Señor. Al final de un debate vigoroso con los fariseos de Jerusalén, Cristo les dijo a aquellos que creyeron en Él: “Si se mantienen fieles a Mis enseñanzas, serán realmente Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres... Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del Pecado. Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.” Juan 8:31-36, NVI. 

Muchos de nosotros hemos experimentado la liberación que Cristo nos brinda del salario del Pecado. ¿Le estamos permitiendo que nos libere de la tiranía de lo urgente? Él señala el camino a seguir: “Si vosotros PERMANECÉIS en Mi Palabra”. 

Este es el camino a la liberación. Obtenemos Su perspectiva por medio de la meditación en oración acerca de la Palabra de Dios. P. 

T. Forsyth dijo una vez: “El peor Pecado es no orar”. 

Por lo general pensamos en el asesinato, el adulterio o el robo como entre los peores. Pero la raíz de todo Pecado es la autosuficiencia, el actuar independientemente de Dios. Cuando fallamos en no esperar en oración la guía y la fortaleza de Dios, estamos diciendo, con nuestras acciones si no con nuestros labios, que no necesitamos a Dios. ¿Cuánto de nuestro servicio es caracterizado por “yo puedo hacerlo solo”? 

Lo contrario a dicho espíritu de independencia es la oración que reconoce nuestra necesidad de la instrucción y provisión de Dios. En lo que concierne a una relación independiente de Dios, Donald Baillie dice:
 “Cristo vivió Su vida en completa dependencia de Dios, como todos nosotros debemos vivir nuestras vidas. Mas tal dependencia no destruye la personalidad humana. El hombre nunca es tan verdadera y completamente personal como cuando está viviendo en completa dependencia de Dios. Así es como la personalidad llega a formarse. Esta es la humanidad en su forma más personal”.

La dependencia de Dios por medio de la oración es indispensable para el servicio efectivo. Así como “pedir tiempo” en un juego de baloncesto, la oración nos capacita para recuperarnos y adoptar una nueva estrategia. Cuando esperamos las instrucciones, el Señor nos libera de la tiranía de lo urgente. Nos muestra la verdad acerca de Si mismo, de nosotros y de nuestras tareas. Deja la impresión en nuestras mentes del trabajo que Él quiere que llevemos a cabo. La necesidad en sí misma no constituye el llamado; el llamado debe venir de Dios quien conoce nuestras limitaciones. “Tan compasivo es el SEÑOR con los que le temen como lo es un padre con sus hijos. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro” Salmo 103:13-14, NVI. 

Dios no es el que nos impone una carga hasta doblegarnos para terminar con una úlcera, una crisis nerviosa, o un ataque cardíaco o una embolia. Estos vienen de nuestras compulsiones internas acompañadas por la presión de las circunstancias. 

Evalúa 


El hombre moderno de negocios reconoce este principio de que hay que apartar tiempo para hacer una evaluación. Cuando Greenwalt era presidente de la compañía Dupont, dijo: “Un minuto para planear ahorra tres o cuatro minutos en la ejecución”. 

Muchos agentes de ventas han revolucionado su negocio y multiplicado sus ganancias dedicando los viernes por la tarde a la planificación cuidadosa de las actividades más importantes de la siguiente semana. Si un ejecutivo está demasiado ocupado para detenerse a planificar, podría descubrir que ha sido reemplazado por otro que dedica tiempo para planificar. Si el cristiano está demasiado ocupado para detenerse y hacer un inventario espiritual y recibir sus tareas de Dios, se convierte en un esclavo de La Tiranía de lo Urgente. Podrá trabajar día y noche para lograr mucho de lo que a él y a nosotros nos parece importante, pero no acabará la obra que Dios le ha dado para que lleve a cabo. 

Un tiempo sereno de meditación y oración al empezar el día re-enfoca nuestra relación con Dios. Encomiéndate a Su voluntad, pensando en las horas que siguen. En estos momentos de calma, haz una lista del orden de prioridad de las tareas que deben llevarse a cabo, tomando en cuenta los compromisos ya hechos. Un general competente siempre traza el plan de batalla antes de enfrentarse con el enemigo; no espera tomar decisiones básicas hasta que la batalla comienza. Sin embargo, está preparado para cambiar sus planes en caso de exigirlo cualquier emergencia. Así que trata de implementar los planes que has hecho antes de que comience la batalla diaria en contra del caminar del reloj. Pero debes estar preparado para cualquier interrupción o la llamada inesperada de una persona. 

Puede ser también que tengas la necesidad de resistir la tentación de aceptar un compromiso cuando la invitación apenas llega a través del teléfono. No importa cuán despejado esté el calendario en ese momento, pide uno o dos días para orar por la orientación del Señor antes de comprometerte. Es asombroso como el compromiso a menudo parece menos imperativo una vez que la voz suplicante se ha convertido en silencio. Si puedes resistir la urgencia del momento inicial, te hallarás en mejor posición de valorar el costo y discernir si la tarea es la voluntad de Dios para ti.

Además de tu tiempo a solas con Dios, aparta una hora a la semana para hacer un inventario espiritual. Escribe una evaluación del pasado, registra todo lo que Dios te ha enseñado, y fija metas para el futuro. También trata de reservar la mayor parte de un día al mes para hacer un inventario similar de mayor alcance. A menudo fallarás. Irónicamente entre más ocupado estás, más necesitas de este tiempo para tu inventario, pero menos parecerá que eres capaz de tomarlo. Te conviertes como el fanático, que cuando está inseguro de la dirección que lleva, dobla la velocidad. Y el servicio frenético para Dios puede convertirse en un escape de Dios. Mas cuando en oración haces un inventario y planificas tus días, esto provee una renovada perspectiva de tu trabajo. 

Continúa el esfuerzo...


A través de los años, la lucha continúa más intensa en la vida cristiana es el esfuerzo de dedicar un tiempo adecuado a la diaria espera en Dios, el inventario semanal y la planificación mensual. Puesto que este tiempo de recibir órdenes para la marcha es tan importante, Satanás hará todo lo que pueda para acabar con él. Sin embargo, sabemos por experiencia, que solamente por este medio podemos escapar de la tiranía de lo urgente. Así es como Cristo tuvo éxito. No terminó todas las tareas urgentes en Palestina, ni todo lo que Él hubiera deseado haber hecho, pero sí acabó la obra que Dios le dio que hiciese. 

La única alternativa para la frustración es estar seguros de que estamos haciendo lo que Dios quiere. Nada sustituye el saber que en este día, en esta hora, y en este lugar estamos haciendo la voluntad del Padre. 

Es así y solamente así que podemos pensar en las otras tareas inconclusas con ecuanimidad y depositarlas en las manos de Dios. 

Hace algún tiempo balas de los nativos de Simba mataron a un joven, el Dr. Paul Carson. En la providencia de Dios la misión de su vida había terminado. La mayoría de nosotros viviremos por más tiempo y más tranquilos, pero cuando llegue el fin, ¿qué nos daría más gozo que la certeza que hemos acabado la obra que Dios nos ha dado? La Gracia de nuestro Señor Jesucristo hace posible este logro. Él ha prometido la liberación del Pecado y el poder para servir a Dios en las tareas que Él escoja. El camino está claro. Si permanecemos en la Palabra de nuestro Señor, somos verdaderamente Sus discípulos. Y Él nos liberará de la tiranía de lo urgente, nos liberará para hacer lo importante, que es la voluntad de Dios.
 “Pareciera que la perfección de medios y la confusión de metas caracterizan nuestra era.” Albert Einstein
 “Lo bueno es a menudo enemigo de lo mejor” Anónimo. 

Martín Lutero fue en una ocasión interrogado sobre cuáles eran sus planes para el día siguiente, a lo que contestó: 

Trabajar, trabajar desde temprano hasta tarde. De hecho, tengo tanto que hacer que voy a dedicar las tres primeras horas del día a la oración

Sobre el autor:
Charles E. Hummel fue director ejecutivo de InterVarsity Christian Fellowship y presidente del Barrington College (Rhode Island). También autor de Fire in the Fireplace: Charismaric Renewal in the Ninities y The Galileo Connection: Resolving Conflicts Between in the Bible. Él y su esposa, Anne, escribieron dos guías de estudio bíblico sobre Génesis y sobre los dones espirituales.

Fuente: Inter-Varsity Christian Fellowship.
La tiranía de lo urgente, por Charles E. Hummell La tiranía de lo urgente, por Charles E. Hummell Revisado por el equipo de Nexo Cristiano on enero 25, 2024 Rating: 5
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