Los bancos de la iglesia y los pastores borrachos
Misiones & Cultura
Las Bancas de la Iglesia
y los Pastores Borrachos
Precedentes, Funciones y Principios de la Contextualización
Por Darren Duerksen
Un recorrido por los fundamentos bíblicos, la historia reciente, las tres funciones clave y los principios prácticos que guían la contextualización del evangelio en la misión intercultural.
Contenido del artículo
- Precedentes Bíblicos — El Dios Que Contextualiza
- Historia de un Concepto
- Funciones de la Contextualización: Comunicación, Crítica y Comunidad
- Principios de la Contextualización (7 principios)
- Conclusión
Una segunda impresión me llegó durante una obra de Navidad. Los actores y el diálogo seguían la historia bíblica básica, y todos parecían bastante familiares. Es decir, hasta que aparecieron los pastores. Mientras que los actores —todos del grupo juvenil— llegaron al escenario, la muchedumbre de la iglesia inmediatamente se animó y se comenzó a reír. Los pastores estaban borrachos. La juventud lo jugó, tambaleando y balbuceando por sus pocas líneas, a la risa y el disfrute de la iglesia. Esto continuó hasta que los ángeles aparecieron, momento en el que los pastores instantáneamente se tranquilizaron y continuaron con el diálogo que una vez más me era familiar. Como explicó más tarde un amigo, los pastores modernos en esa parte de la India tienen la reputación, entre otras cosas, de estar siempre ebrios con licor barato. ¿No es posible que los pastores judíos actuaran de manera similar? Lo que me parecía culturalmente extraño tenía sentido para su lectura de la historia.
La contextualización puede ser uno de los temas más cruciales para la misión global de hoy. En algunos casos vemos los malos ejemplos muy típicos, donde el evangelio fue demasiado estrechamente combinado con una cultura extranjera. Estos y otros ejemplos han llevado a los obreros de la misión a considerar maneras de ayudar al cristianismo a ser "indígena" de una cultura y no ser una religión extranjera. En otros casos, vemos cómo la contextualización ocurre naturalmente cuando los cristianos leen la Biblia a través de sus propios lenguajes culturales. Tales situaciones nos dan la oportunidad de reflexionar sobre cómo cada cultura tiende a dar forma al evangelio de manera única, proveyendo tanto percepciones como desafíos.
En este capítulo presentaré las formas en que la contextualización es un concepto bíblico, revelando cómo el pueblo de Dios —y Dios mismo— contextualizó regularmente sus mensajes y prácticas. Luego tocaré la historia reciente de la contextualización y tres funciones particulares que sirve. Finalmente delinearé varios principios claves que pueden guiar a los misioneros, pastores y otros obreros misioneros en el proceso de la contextualización.
Precedentes Bíblicos — El Dios Que Contextualiza
Aunque la contextualización es un término relativamente nuevo, se refiere a una realidad antigua. Desde el principio Dios se reveló a través de las lenguas y las culturas de los pueblos "traduciendo" sus buenas nuevas de manera que las personas de todas las edades y regiones pudieran entender. Además, la gente de Dios expresó regularmente su adoración y su comprensión de Dios a través de su propia cultura. Estos puntos han sido destacados por el estudio bíblico, que ha señalado desde hace tiempo las diversas formas en que la Biblia, además de ser la revelación de Dios, es un libro cultural. Como observa el erudito bíblico evangélico Joel Green, "…los textos bíblicos no cayeron de las nubes; no son facsímiles del cielo, sino que surgieron en tiempos y en lugares particulares en respuesta a situaciones particulares".1 Un entendimiento bíblico de la contextualización comienza con la comprensión de que los relatos bíblicos y la literatura que nos revelan a Dios son, ellos mismos, reflejos de contextos e interacciones culturales.
Los ejemplos abundan en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Por ejemplo, muchos estudiosos han observado las similitudes entre el lenguaje y las formas de los antiguos tratados soberanos del Oriente Cercano, y el pacto que Dios hace con Israel en Sinaí en Éxodo 20-23 y Deuteronomio.2 En otras palabras, como Hafemann ha señalado, "los pactos bíblicos no surgieron en un vacío".3 Más bien, cuando Dios se reveló a sí mismo y trató de establecer un pacto con Israel, lo hizo usando un lenguaje de tratado común en ese momento. Como otro ejemplo, cuando Dios en Génesis 15:7-18 afirma su promesa de que los descendientes de Abraham heredarán la tierra de Canaán, Dios simbólicamente se desplaza por un pasillo de animales divididos. Aunque es extraño para aquellos de nosotros que no estamos familiarizados con la antigua cultura del Oriente Cercano, Abraham habría reconocido esto como un convenio real de concesión de tierras, comúnmente utilizado entre reyes y líderes en las sociedades de su tiempo.4
Los ejemplos de la contextualización continúan en el Nuevo Testamento. Los Evangelios revelan cómo Jesús contextualizó sus enseñanzas sobre el Reino de Dios según su contexto cultural, religioso y agrícola como judío del primer siglo. Algunas narraciones, como algunas de las parábolas, están tan contextualizadas que sus verdaderos significados solo se hacen evidentes cuando estudiamos y comprendemos el contexto cultural que reflejan.
Aunque las enseñanzas de Jesús reflejan su contexto judío, el libro de Hechos y las epístolas paulinas muestran cómo los primeros seguidores de Cristo contextualizaron sus mensajes para otros contextos. Por ejemplo, los discursos de Pablo en Lystra y Atenas en Hechos 14 y 17 demuestran las formas en que él interpreta la obra de Dios a través de las historias y las ideas de personas no judías. En Lystra, Pablo no habla de los profetas judíos y sus mensajes —su punto de partida y tema común para el público judío. En su lugar, apela al entendimiento del pueblo de Lystra de un Dios que creó todas las cosas y continúa dirigiendo la naturaleza y sosteniendo la vida. En Atenas, Pablo usa las palabras de poetas y filósofos locales para caracterizar aún más al "dios desconocido" de los atenienses y presentarlos a Jesús y su resurrección. Una vez más, Pablo renuncia la discusión sobre los patriarcas judíos, los profetas u otros conceptos que usaría con una audiencia judía, pero que sería confuso para un público no judío.
De estos breves ejemplos es evidente que el evangelio nunca ha sido y nunca podría ser un mensaje "no-contextualizado". Dios, el último "contextualizador", siempre se ha valorado y revelado a través de las culturas de los pueblos, y la gente siempre ha utilizado sus recursos culturales y materiales para dar sentido de y adorar a Dios.
¿Cuáles son, sin embargo, los límites y los peligros potenciales de la contextualización? ¿Cómo se debe contextualizar intencional y responsablemente el evangelio en un nuevo contexto? Estas son las preguntas que han ocupado las discusiones contemporáneas de la contextualización.
Historia de un Concepto
Aunque, como ya hemos visto, la contextualización siempre ha sido un componente inherente de la revelación de Dios, el término en sí es relativamente reciente. Cuando se introdujo por primera vez en 1972, el término contextualización se presentó como una alternativa a términos como adaptación e indigenización. Muchos misionólogos consideraban que estos últimos términos se referían a cambios pequeños y relativamente simples que los misioneros occidentales hacían a algunos aspectos de la fe cristiana. Sin embargo, la contextualización se refirió a un proceso más profundo y denotó las maneras en que un evangelio holístico era necesario para involucrar las categorías culturales, económicas y políticas de un pueblo. Aunque ha sido debatida y definida de diversas maneras, generalmente los misionólogos evangélicos coinciden en que la contextualización se refiere a "el proceso mediante el cual los cristianos adaptan toda la fe cristiana (formas, contenido y praxis) en contextos culturales diversos".5
La contextualización destaca y celebra una de las mayores fortalezas de la misión cristiana: la realidad de que el evangelio puede ser traducido y comunicado a todas las culturas del mundo. Pero entonces, ¿por qué se ha convertido en un tema tan crucial, e incluso polémico? La ironía y la realidad es que, en la historia de la iglesia y la misión cristiana, la fe cristiana a menudo se hizo tan contextualizada que los cristianos no podían distinguir entre su fe y su cultura. Así, cuando el trabajo misionero católico y protestante aumentó dramáticamente en el siglo XIX, los misioneros rara vez y con dificultad separaron los aspectos de su cultura de los aspectos de su fe. La superioridad de la fe cristiana se percibía en la superioridad de la cultura europea, en la educación, en la tecnología, en el poder político, etc. Por lo tanto, traer el cristianismo a una nueva cultura significaba traer la mezcla de la fe, la cultura, la tecnología europea, etc.
Dos acontecimientos importantes aplanaron el camino para una manera diferente de pensar acerca de la cultura y el contexto. En primer lugar, en el siglo XIX, los misioneros comenzaron a emplear el "principio de los tres-seres". Introducido casi simultáneamente por Henry Venn y Rufus Anderson, el principio afirmaba que las iglesias locales debían ser animadas a ser autogobernadas (con su propio liderazgo), auto-financieras (desde los recursos de sus propias iglesias) y auto-reproductivas (levantando nuevas iglesias sin ayuda externa).6 A medida que los misioneros consideraban cómo ayudar y/o permitir que las iglesias locales se volvieran autosuficientes, también reconocieron la necesidad de convertir las estructuras, liderazgo, arquitectura e incluso la enseñanza y la teología para llegar a ser "indigenizadas" y adaptadas a las culturas locales.
Pero el principio de los tres-seres no siempre empleó un entendimiento más profundo de la cultura y del contexto. Un segundo desarrollo que ayudó a los misioneros a entenderlo mejor llegó a mediados y a finales del siglo XX a través de los misionólogos que estudiaron antropología cultural y lingüística. Los traductores de la Biblia como Kenneth L. Pike y Eugene A. Nida fueron los pioneros de este movimiento, argumentando que los misioneros debían estudiar las culturas de otros pueblos y considerar las maneras en que la fe cristiana pudiera expresarse dinámicamente a través de la cultura.7 Otros misioneros siguieron, estudiando antropología cultural y publicando sus conocimientos en libros y en una nueva revista, adecuadamente llamado Antropología Práctica (más tarde renombrada Misionología). Así, muchos misioneros entrenados en los años cincuenta y sesenta aprendieron habilidades antropológicas, como la observación participante; enfatizaron la importancia de la visión cultural "desde adentro" (la visión "emic") y comenzaron a evaluar el trabajo de la misión a través de nuevas lentes.
Dos importantes contribuyentes a la contextualización, ambos Hermanos Menonitas, fueron entrenados y comenzaron su trabajo durante este tiempo. El primero de ellos, Jacob A. Loewen, era un misionólogo HM de Columbia Británica, Canadá. Loewen sirvió como misionero en América Latina, estudió lingüística y antropología y escribió extensamente en Antropología Práctica acerca de las misiones y los contextos culturales de los años sesenta en adelante. Una de las principales contribuciones de Loewen tiene que ver con el hecho de que los misioneros occidentales necesitan valorar y aprender de las culturas de los pueblos locales.8
El segundo misionero de HM de esta época a destacar la importancia de los contextos culturales y a desarrollar el pensamiento de la contextualización fue Paul G. Hiebert. Después de servir como misionero en la India y estudiar antropología cultural en los años sesenta, Hiebert siguió escribiendo y enseñando sobre aspectos de cultura, misiones y teología. Sus escritos llegaron a ser altamente influyentes en la comunidad global de la misión. De importancia particular fue su concepto de la "contextualización crítica", que se presentará más adelante. Como se verá, uno de los puntos cruciales de Hiebert fue la necesidad de que los misioneros valoren y busquen comprender el contexto cultural local desde un punto de vista interno, utilizando las herramientas y los marcos conceptuales de la antropología cultural.
Estos dos desarrollos amplios —una comprensión del principio de los tres-seres y el estudio de contextos culturales locales— prepararon el escenario para lo que finalmente llegó a ser conocido como la contextualización. Aunque a finales del siglo XX y principios del siglo XXI algunos misioneros siguieron (y siguen) importando, sin crítica, algunos aspectos del cristianismo occidental a su trabajo misionero, muchos otros han entendido que una comprensión de la contextualización puede facilitar movimientos nuevos y emocionantes para Cristo, y puede proveer nuevas ideas sobre el cristianismo mismo.
Funciones de la Contextualización
La contextualización ha ocupado un lugar particularmente importante en la misión y el ministerio intercultural desde los años ochenta, generando una animada discusión sobre su papel y su propósito. En esta sección resalto tres funciones particulares de la contextualización resumidas por Darrell Whiteman.9
Comunicación
La primera y quizás la más discutida función de la contextualización es ayudar a las personas a escuchar y entender el evangelio. La contextualización busca crear un buen "puente" para la comunicación. En la superficie, esto parecería ser una tarea sencilla. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, la historia de las misiones muestra cuán a menudo el mensaje del evangelio ha incluido mensajes extraños que le causaron al público confusión y distracción del mensaje central de Cristo. Esto no es solo una preocupación sobre los ajustes necesarios de la misión "tradicional". Los líderes de la iglesia en los Estados Unidos también se han visto afectados por la forma en que las iglesias están culturalmente desconectadas de ciertos segmentos de la sociedad. Como respuesta, iglesias como Saddleback y Willow Creek, e incluso las recientes iglesias "emergentes", han estudiado y han adaptado intensamente su mensaje, su música, su arquitectura y otras cosas para las culturas a quienes ellos buscan alcanzar. Mientras que algunas personas se preguntan si estas iglesias son demasiado contextuales (una crítica que trataré a continuación), el punto importante es que estos líderes creen que existe una brecha entre el mensaje del evangelio y la ubicación cultural de la gente. Ellos podrían preguntar: "¿Necesitamos que alguien aprenda nuestro propio idioma para escuchar un mensaje del evangelio? No. Entonces, ¿por qué necesitamos que las personas aprendan una nueva cultura (de la iglesia) para oír el evangelio?" La contextualización, entonces, es el proceso que los misioneros y los pastores ocupan para "traducir" un mensaje del evangelio a un nuevo "lenguaje" cultural para que las personas tengan la oportunidad de escuchar y responder con mayor claridad. Algunas personas en esa cultura todavía pueden considerar ofensivo un mensaje contextualizado y elegir rechazarlo. Sin embargo, si lo hacen, podemos estar más seguros de que es el mensaje y no una cultura de aspecto extranjero lo que les parece ofensivo.
Un ejemplo reciente y algo controversial de la comunicación contextual es lo que muchos llaman los "movimientos internos". Este término se refiere a personas de diversos orígenes religiosos, como las comunidades musulmana, hindú, sij o budista, que siguen a Cristo mientras permanecen estrechamente conectados con o "dentro" de sus comunidades no-cristianas. Por ejemplo, pueden identificarse como seguidores de Cristo musulmanes, pero leen y dan prioridad a la Biblia como la Palabra de Dios y siguen a Jesús como su Salvador y Señor. La razón por la que lo hacen, dicen, es porque muchas iglesias a su alrededor carecen de contextualización y les exigen que rechacen a su cultura y a sus tradiciones familiares más de lo que realmente requiere la Biblia. De hecho, muchas personas en su contexto podrían aceptar y seguir a Cristo, pero la iglesia local les ofende y les impide hacerlo. Si el evangelio fuera más cuidadosamente contextualizado, afirman, el verdadero mensaje de Cristo podría ser escuchado más claramente, llevando a más personas a adherir y seguir a Cristo. Preferirían que Cristo fuera la piedra de tropiezo, y no una expresión occidental del cristianismo.
Estos ejemplos plantean la pregunta: ¿en qué punto el evangelio se vuelve demasiado contextualizado? ¿Cómo nos aseguramos de que la contextualización no altere los aspectos centrales del cristianismo? Esto nos conduce a la segunda función de la contextualización.
Crítica
La contextualización hace más que expresar el evangelio en y a través de la cultura. También hay momentos en que el evangelio critica y desafía a la cultura. Es entonces cuando se puede entender que la contextualización tiene un papel en subvertir las normas culturales incorrectas, injustas o pecaminosas. Numerosos ejemplos bíblicos ilustran cómo un mensaje contextualizado facilita la comunicación y transforma profundamente a las categorías culturales en cuestión. Por ejemplo, Jesús y la iglesia en el libro de Hechos usan las comidas como un foro apropiado para enseñar y discipular a otros (Lucas 22:7-38, Hechos 2:46-47). Sin embargo, Jesús y la iglesia también desafiaron la forma en que los líderes grecorromanos y judíos a veces usaban las comidas para reforzar las jerarquías de estatus (Lucas 14:1-24, 22:24-27; 1 Corintios 11:17-22). Así, Jesús abrazó y contextualizó tales prácticas como las comidas, pero luego subvirtió las maneras en que esas prácticas no se adherían al reino de Dios. Como otro ejemplo, Pablo no se contentó con dejar incontestado al entendimiento de los listranos y de los atenienses de los dioses o de Dios. Mientras hablaba de Dios usando sus categorías culturales, también señaló áreas donde sus categorías eran demasiado limitadas, o incluso equivocadas (Hechos 14:15; 17:29-31).
Jesús, la iglesia y Pablo eran conscientes de y se dirigían a las prácticas injustas. De manera similar, la iglesia a menudo tiene un papel profético, llamado a defender a los pobres y oprimidos y a desafiar a las personas y las estructuras injustas y opresivas.10 En tales casos, un mensaje contextualizado no busca reducir la ofensa del evangelio, sino busca hacerlo más claro. Como dice Whiteman: "La buena contextualización permite a la iglesia ofender a la gente por las razones correctas. La mala contextualización, o la falta de ella por completo, les ofende por razones equivocadas".11
Creando Comunidad
Finalmente, la contextualización lleva a los cristianos a tener una comprensión más rica de su fe y una relación más profunda con la iglesia global. Si seguimos utilizando la analogía de un puente de comunicación, la contextualización permite tráfico en ambas direcciones. Es decir, cuando comenzamos a interpretar el evangelio a la luz de otra cultura, permitimos que la otra cultura nos hable y quizás nos muestre nuevos aspectos de nuestra fe que estaban latentes. La contextualización nos ayuda a ver que el evangelio es universal en todas las culturas y es particular para culturas y contextos específicos.12 Esto ayuda a los cristianos no solo a celebrar la comunidad que comparten con los demás en fe y creencia, sino a aprender de las diferentes perspectivas que cada uno ofrece.
He sido regularmente recordado de esto cuando viajo o cuando interactúo con cristianos de contextos distintos a los míos. Amigos cristianos de la India me enseñan cómo Cristo ofrece esperanza a los pobres y oprimidos. Los cristianos de África me recuerdan cómo el reino espiritual puede afectar y sí afecta al mundo material y cómo la oración puede traer sanidad y liberación. Algunos cristianos nativos americanos hablan apasionadamente sobre las formas en que Dios ama la cultura, incluyendo sus culturas indígenas, y no la rechaza como lo han hecho los cristianos americanos coloniales. Estas perspectivas no agregan a la revelación bíblica. Más bien, estos creyentes "ven" y resaltan verdades que yo, desde mi perspectiva cultural, no siempre puedo ver o experimentar. Cuando las escucho, mi fe cristiana se enriquece y nuestra relación se profundiza.
Principios de la Contextualización
Lo anterior ha demostrado que lo que más influye de la contextualización es una práctica que busca mantenerse fiel al cristianismo en su esencia bíblica mientras al mismo tiempo sintiéndose "en casa" en cada cultura a la que se arraiga. Para ello, los eruditos misioneros de los últimos cuarenta años han desarrollado, con la ayuda de los estudios bíblicos y las percepciones antropológicas, varios principios importantes para guiar la práctica de la contextualización. Los siguientes son algunos principios que los misioneros han encontrado particularmente importantes y que pueden guiar a los obreros misioneros, particularmente a los HM y otros anabautistas evangélicos.
Revelación Bíblica
Los evangélicos, incluyendo a los anabautistas evangélicos y los HM, creen que la contextualización debe convertir a la revelación bíblica en un aspecto fundamental para su comprensión. Esto tiene dos componentes. El primero es afirmar que la Biblia misma se revela en y a través de las culturas. Mientras que algunos pueden ver esto como una relativización del mensaje bíblico, los anabautistas evangélicos ven esto como evidencia del valor que Dios ha puesto en la cultura. Como afirma Hiebert, la revelación de Dios "es comunicada por las culturas humanas sin perder su carácter divino".13 Esto nos asegura de que es posible que el evangelio sea expresado en todas las culturas. El segundo componente es que la contextualización debe ser congruente con la Biblia. Es decir, cualquier práctica o doctrina debe ser medida "por el grado en que refleja fielmente el significado del texto bíblico".14
Revelación General
Mientras que la Biblia es la autoridad central y normativa en la contextualización, Dios también se revela a través de la creación y las culturas. Como dije anteriormente, por ejemplo, el apóstol Pablo lo modeló en sus interacciones con los listranos y los atenienses (Hechos 14:17; 17:22-31). En las últimas décadas, los misioneros evangélicos como Don Richardson han popularizado el concepto, discutiendo las formas en que Dios ha colocado "analogías redentoras" dentro de las culturas. Estas analogías redentoras, cuando son descubiertas e interpretadas por los cristianos, pueden ayudar a las personas a comprender la revelación bíblica de Jesús y su salvación a través de uno de sus propios conceptos o prácticas culturales.15
Perspectiva Interna
La formación evangélica a menudo ha enfatizado los estudios bíblicos, pero a veces ha creado un "abismo" entre esto y el conocimiento cultural.16 Sin embargo, como hemos visto anteriormente, muchos misioneros han reconocido esto y han recurrido a la antropología cultural para ayudar a cruzar esta brecha. Uno de los conceptos principales que ha emergido de esta interacción es la necesidad de entender el contexto cultural local desde el punto de vista de alguien que está dentro de esta cultura. Demasiadas veces los forasteros hacen juicios rápidos de un contexto o una práctica cultural basada en sus conocimientos incompletos o inexactos. Hiebert y otros, sin embargo, recomiendan que los misioneros suspendan temporalmente el juicio a medida que buscan aprender la lógica y el propósito de la práctica en cuestión. Deben entrar en las culturas como "aprendices" y permanecer como tales, incluso cuando comparten el evangelio en formas culturalmente apropiadas.
Holístico y Comprensivo
Una vez que empecemos a estudiar y analizar las culturas, nos damos cuenta de lo complejo que pueden ser. Una buena contextualización debe intentar ser integral, tomando en cuenta los diversos aspectos de la cultura que pueden ser aplicables en una situación. Scott Moreau, utilizando un esquema desarrollado por Ninian Smart, un comparativo erudito religioso, sostiene que los obreros de la misión deben tomar en cuenta siete dimensiones particulares.17
Correlación Crítica
Una vez que aprendamos acerca de las dimensiones de un contexto y sus prácticas, ¿cómo las relacionaremos con el evangelio? Hiebert señala que los misioneros a menudo han gravitado hacia uno de dos extremos. Algunos pueden rechazar completamente las dimensiones y las prácticas de una cultura y tratar de reemplazarlas por nuevas prácticas "cristianas" (a menudo cristiano-occidentales). Esto a menudo conduce a una forma de cristianismo con aspecto extranjero. Otros pueden aceptar completamente las dimensiones y las prácticas y negarse a criticarlas o cambiarlas. Esto puede conducir a un híbrido altamente sincretizado o mezclado inapropiadamente de creencias religiosas cristianas y no cristianas. Sin embargo, Hiebert propone una tercera vía de "contextualización crítica".18 Reconociendo que la revelación bíblica afirmará y desafiará los aspectos de la cultura, los misioneros y los líderes locales 1) estudiarán la costumbre y el contexto, 2) estudiarán la enseñanza bíblica acerca de este aspecto, 3) evaluarán la costumbre a la luz de la Escritura, 4) y crearán una nueva práctica contextualizada. La correlación crítica de la Escritura con la cultura privilegia el papel de la Escritura, pero también reconoce que un misionero, pastor y/o iglesia puede encontrar nuevas lecciones en la Escritura a medida que la estudien a la luz de su cultura.
El Papel de los Nativos
Los líderes entrenados, ya sean pastores o misioneros, a veces son tentados a funcionar como expertos en la contextualización y a decirle a los nuevos creyentes cuáles prácticas son culturalmente apropiadas e inapropiadas. Sin embargo, los líderes necesitan empoderar y confiar en la capacidad de la comunidad de la iglesia local para interpretar las Escrituras y discernir las respuestas apropiadas. Aunque los misioneros se sientan más capacitados y calificados en la exégesis bíblica y en el análisis cultural, es finalmente la iglesia local la que necesita ser empoderada para discernir en comunidad la guía del Espíritu Santo en sus prácticas y sus enseñanzas. Tal vez no sea una coincidencia que dos de los primeros antropólogos misioneros que articularan este punto fueran HM, para quienes el sacerdocio de todos los creyentes era un valor importante.19
El Papel de los Extranjeros
Aunque los misioneros, en particular los que representan estructuras de poder, necesitan capacitar a los creyentes locales para interpretar la Escritura y la cultura, los misioneros aún tienen un papel importante que desempeñar en la contextualización. A veces la gente local tiene dificultades en ver y analizar su propia cultura. Además, la historia de la iglesia muestra que las estructuras institucionales y teológicas, una vez establecidas, no siempre se ajustan rápidamente a los contextos cambiantes y las nuevas percepciones. Los cristianos pueden ver los cambios dentro de su cultura como una amenaza, y no siempre estarán dispuestos a ajustar o contextualizar esos cambios. En estos casos, un extranjero humilde que conoce bien la cultura podría ser utilizado para hacer preguntas a los creyentes locales, ayudándoles a pensar y a analizar su propio contexto de manera nueva y crítica.
Conclusión
La contextualización ha sido y seguirá siendo una cuestión crucial para el trabajo misionero del siglo XXI. Sin embargo, nos conviene recordar que la contextualización es más que una estrategia temporal en las misiones. Apocalipsis 7:9 nos muestra que, incluso en el cielo, la gente seguirá siendo identificada como proveniente de su propio contexto cultural. Cuando contextualizamos el evangelio y aprendemos de la enseñanza contextualizada de nuestros hermanos y hermanas, nos estamos preparando para la suprema experiencia comunitaria multicultural, cuando el Dios del universo será adorado por personas de cada tribu, lengua e idioma.
Notas bibliográficas
- Joel B. Green, Seized by Truth: Reading the Bible as Scripture (Nashville: Abingdon Press, 2007).
- John H. Walton, Ancient Israelite Literature in Its Cultural Context: A Survey of Parallels in near Eastern Literature (Grand Rapids: Zondervan, 1989), 95-107.
- Scott J. Hafemann, "The Covenant Relationship," en Central Themes in Biblical Theology: Mapping Unity in Diversity, ed. Scott J. Hafemann y Paul R. House (Grand Rapids: Baker Academic, 2007), 31.
- Philip J. King y Lawrence E. Stager, Life in Biblical Israel (Louisville: Westminster John Knox Press, 2001), 44; Brian K. Petersen, "A Brief Investigation of Old Testament Precursors to the Pauline Missiological Model of Cultural Adaptation," International Journal of Frontier Missiology 24, no. 3 (2007).
- A. Scott Moreau, Contextualization in World Missions: Mapping and Assessing Evangelical Models (Grand Rapids: Kregel, 2012), 46.
- R. Pierce Beaver, ed. To Advance the Gospel: Selections from the Writings of Rufus Anderson (Grand Rapids: Eerdmans, 1967); Max Warren, ed. To Apply the Gospel: Selections from the Writings of Henry Venn (Grand Rapids: Eerdmans, 1971).
- Paul G. Hiebert, Anthropological Reflections on Missiological Issues (Grand Rapids: Baker Books, 1994), 9; Eugene Nida, Message and Mission: The Communication of the Christian Faith (New York: Harper, 1960).
- Jacob A. Loewen, The Christian Encounter with Culture (Monrovia: World Vision International, 1967).
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- Dean Flemming, Contextualization in the New Testament: Patterns for Theology and Mission (Downers Grove: InterVarsity Press, 2005), 291-92.
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- Paul G. Hiebert, Anthropological Insights for Missionaries (Grand Rapids: Baker Books, 1985), 33.
- David J. Hesselgrave y Edward Rommen, Contextualization: Meanings, Methods, and Models (Grand Rapids: Baker Book House, 1989), 201.
- Moreau, Contextualization in World Missions: Mapping and Assessing Evangelical Models, 67.
- Hiebert, Anthropological Insights for Missionaries, 14; R. Daniel Shaw y Charles Edward van Engen, Communicating God's Word in a Complex World: God's Truth or Hocus Pocus?, ed. R. Daniel Shaw y Charles E. van Engen (Lanham: Rowman & Littlefield Publishers, 2003), 19.
- Scott Moreau, "Contextualization That Is Comprehensive," Missiology 34, no. 3 (2006).
- Paul G. Hiebert, "Critical Contextualization," (1987).
- Loewen, The Christian Encounter with Culture; Hiebert, Anthropological Insights for Missionaries, 191.
Fuente: Artículo extraído de La Iglesia en Misión: Perspectivas de Hermanos Menonitas Globales Sobre la Misión en el Siglo XXI, editado por Victor Wiens. Reproducido para edificación y formación de la comunidad cristiana de habla hispana.
La Iglesia en Misión: Perspectivas de Hermanos Menonitas Globales Sobre la Misión en el Siglo XXI
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Sobre el autor: Darren Duerksen
Investigador y académico especializado en missiología y estudios interculturales. Su trabajo se centra en la teología de la misión, la contextualización del evangelio y los movimientos de fe en contextos no occidentales. Ha publicado sobre religión, cultura e identidad en Asia del Sur, con especial atención a los movimientos de seguidores de Cristo en contextos hindúes y sij.
Es reconocido en círculos misioneros evangélicos y menonitas por su enfoque riguroso y pastoral del estudio intercultural, combinando la exégesis bíblica con las herramientas de la antropología cultural. Su capítulo en La Iglesia en Misión es una de las introducciones más accesibles y completas a la contextualización misionera disponibles en español.
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Revisado por el equipo de Nexo Cristiano
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abril 02, 2026
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